Bella Ciao, una versión "pulenta pulenta"

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jueves, 12 de junio de 2014

¿Qué es el fútbol?

El fóbal son 22 millonarios corriendo detrás de una pelotita...



Y un libro es  1 kg. de papel, cartón y tinta, y una mujer es un conjunto de pelos, carne, uñas, visceras, órganos, sangre y secreciones. Y la belleza una convención social impuesta por las clases dominantes.
No se explica cómo los hombres nos enamoramos de y sufrimos con: libros, mujeres, belleza y fóbal. ¡Qué pavos que somos!

martes, 14 de enero de 2014

Si dulcemente

A veces en la vida pasan cosas
lejanas, inasibles, casi ajenas.
Como el amor de los otros,
un rayo sobre las islas,
un gol de alguien sobre la hora,
un tren que descarrila en la India,
otro niño muerto en Gaza,
la primera nevada en una aldea de Dinamarca,
un desplante de Chávez al Imperio.
Cosas, que pasan simplemente,
a los otros. ¿En qué me afligen,
o alegran? Digo, más allá
del pensamiento, de la razón.
Y a veces pasan otras,
parecidas, pero distintas.
Esta es una, inevitablemente.

Por que si, por que hay pocos como el,
solo por eso, y qué caray:
Bienvenido el premio Cervantes a Juan Gelman.

udi, rosario, noviembre de 2007





Si Dulcementesi dulcemente por tu cabeza pasaban las olas del que se tiró al mar/ ¿qué pasa con los hermanitos que entierraron?/¿hojitas les crecen de los dedos?/¿arbolitos/ [otoños que los deshojan como mudos?/en silenciolos hermanitos hablan de la vez que estuvieron a dostres dedos de la muerte/sonrien recordando/aquel alivio sienten todavía como si no hubieran morido/como si paco brillara y rodolfo mirase toda la olvidadera que solía arrastrar colgándole del hombro/o haroldo hurgando su amargura[(siempre) sacase el as de espadas/puso su boca contra el viento/aspiró vida/vidas/con sus ojos miró la terrible/ pero ahora están hablando de cuando operaron con suerte/nadie mató/nadie fue muerto/el enemigo fue burlado y un poco de la humillación generalse rescató/con corajes/con sueños/tendidos en todo eso los compañeros/mudos/ deshuesándose en la noche de enero/ quietos por fin/solísimos/ sin besos -- "

martes, 2 de julio de 2013

Libros quemados, enterrados, perdidos...

En 1976, en medio de la hecatombe y la paranoia generalizada (justificada, por supuesto) decido - con lagrimones en los ojos - deshacerme de algunos textos por el expeditivo procedimiento de arrojarlos dentro de un tacho de 200 lts., rociarlos con gasoil (he aquí el error, por desconocimiento de las propiedades de dicho combustible) y prender un fósforo en la proximidad del papel. Naturalmente (pero esto lo supe después) el fósforo se apagó como la vida de una mariposa nocturna, es decir, en un suspiro, dejándome con la tarea inconclusa y la duda en mi ánimo.
Luego de reflexionar unos instantes decidí que debía interpretar el hecho como un mensaje, de dónde o de quién no lo supe con certeza, pero siempre tuve leves tendencias a la superstición...
En fin, que decidí enterrar el mazacote maloliente en que se habían convertido esos libros y revistas, dentro de los cuales, y bastante seco, por cierto, se encontraba el libro de marras.
Pasando a la acción con la velocidad que me caracteriza me dirigí raudo con mi bolsa y su peligroso contenido hacia las vías del ferrocarril cercanas a mi casa. Lo que prueba, por si hiciera falta, mi total inconciencia.
Conclusión: hago un pozo poco profundo, meto el subversivo material dentro y le echo un poco de tierra encima; hecho lo cual me dirijo a una secretísima reunión con otros adolescentes ávidos de emociones fuertes y los impongo de mis aventuras.
Allí quedó mi primer ejemplar de "Para leer al Pato Donald"...
Luego los años pasaron, terribles, malvados.
Recorriendo una callecita de París en diciembre del '78, mientras los genocidas de ambos lados de la cordillera jugaban a ver quién la tenía más larga, me detengo frente al escaparate de una librería de usados. Al cabo de algunos minutos (admirad mi velocidad mental) caigo en la cuenta que los títulos de los libros están en castellano. No sólo eso, sino que el negocio luce por nombre "El Quijote". Con estos datos deduje que se especializaría en literatura española y latinoamericana, perspicaz percepción que me fue confirmada por el propietario del establecimiento, un catalán de boina azul, barba de tres días y colilla de cigarro permanente entre sus labios.
Para no extenderme demasiado y apenar al desprevenido lector diré que en un anaquel, entre "La Celestina" y un desvencijado "Adán Buenosayres" encontré un ejemplar en perfecto estado de "Para leer...".
Imaginad, ¡Oh, amigos! cuál habrá sido la emoción que me embargó. Apelé a mis mejores argumentos para lograr que el librero - reliquia de la guerra civil anclado en París - atendiera mis súplicas en lo referente al precio. Se ve que el hombre estaba cansado del aluvión sudamericano y sus historias casi todas parecidas y se mantuvo en sus trece, es decir, en sus ochenta francos y ni uno menos. Con gran dolor para mi peculio desembolsé la cifra, escandalosa para la época, y me refugié en el Metró para releer esas páginas tan lúcidas y disparadoras de reflexiones.
Unos años después - fines del '82 - y ante la perspectiva de volver a la Argentina - debí preparar mi equipaje: un poco de ropa, fotos, discos (¡Long-Plays!), libros, mujer y dos hijos. La situación del país con la dictadura en retroceso, pero aún no derrotada (¿Lo fue?) no garantizaba pasar con tranquilidad el tamiz ideológico para la entrada de literatura que no fuese del gusto del régimen. Así, que muy a mi pesar, debí dejar en manos de amigos parte de los libros acumulados en esos años. Adivinaron: la obra de Dorfman y Matellart no hubiese pasado la aduana de las ideas, y fue a parar a poder de un amigo de quién me distanciaba una oscura historia de celos, pero que era una de las pocas anclas a mi pasado, (a partir de ese momento ex-amigo).
Como esta es la historia de mi relación con un libro en particular les ahorraré detalles, sufridos lectores, de los pormenores de mi crecimiento personal, la crianza de los hijos, las incontables mujeres que pasaron por mi vida y los festejos por los campeonatos de Rosario Central. A fines de 1988, en un kiosco de la Avenida Pellegrini, adonde iba a comprar el diario, advierto un cajón de manzanas con libros usados. La costumbre, el vicio, la compulsión, llamadle como queráis, hizo que me pusiera a revolver entre viejos "Corín Tellado" y volúmenes de Emecé al estilo de "Aeropuerto". Cuál no sería mi sorpresa cuando, ya casi en el fondo del cajón, aparece "Para leer al Pato Donald", pero no cualquier "Para leer al Pato Donald", sino "mi" "Para leer al Pato Donald". Ese mismo que con mis propias y criminales manos había enterrado furtiva y nocturnamente. Las mismas manchas, el mismo raspón de la primera página, los mismos (pocos) subrayados, y - para despejar cualquier duda - la misma dedicatoria en el reverso de la tapa con los versos iniciales de "Corazón Coraza":
"Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes"
Por un resto de pudor ocultaré, dignísimo lector, el acceso de llanto que me sobrevino al recuperar una parte de mi pasado, manchada, sin duda. Pero ¿Quién puede presumir de un pasado impoluto?
Huelga decir que pagué los pocos y devaluados australes de la época para rescatar esa pieza central de mi formación humanística. Desde entonces mi querido "Para leer al Pato Donald" ocupó su merecido lugar en el medio de mi modesta biblioteca, en la buena compañía, a la derecha, de "Apocalípticos e Integrados" y, a su izquierda, de "La Interpretación de los sueños", obra cabalística si las hay.
Pero la vida, como dijera Sartre, te da sorpresas, amabilísimo lector. Y he aquí que a mediados de los años noventa recibo el llamado de aquel ex-amigo que me comunica su llegada al país y su deseo, bastante incomprensible, de reunirse con este servidor. Dado que en casi quince años no hubo entre nosotros comunicación alguna (era pre - e-mail) por aquel rencor alojado sólo en mi corazón, me sorprendí y no supe bien que aguardar de la cita concertada en el llamado.
Debo reconocer que los caminos del señor son inescrutables, y el alma de los hombres una caja de sorpresas. M emocioné muchísimo a la hora del reencuentro, mi abrazo fue sincero, y reconocí que había podido matar dentro mío al gusano del odio sin sentido y casi pueril.
No seáis muy severos conmigo, queridísimos lectores, ya que nadie sabe cuando le tocará estar en una situación parecida.
Casi al final de la emotiva y agradable velada dijo mi viejo (nuevo) amigo:
- ¡Ah! ¿Sabés qué te traje?
Pues sí, era - lo habréis intuido - mi segundo ejemplar de "Para leer al Pato Donald".
Así fue como recobré otra parte de mi pasado, y a un amigo.
Este ejemplar descansa sobre mi escritorio, junto a la foto de ya sabéis quién...

viernes, 8 de marzo de 2013

La mujer que yo quiero


La mujer que yo quiero se juega entera,
día a día; noche a noche, así se entrega.
De vientos fuertes está hecha.
De lunas suaves, de río fresco.
Como campana de escuela es su risa:
alegre y argentina, dos veces argentina.
Hecha de mañanas frescas,
y de siestas.
De vino rojo es su abrazo,
que me embriaga y eleva.
Garra y coraje, pasión y locura.
Boca tempestuosa,
lengua atrevida.
La mujer que yo quiero ama sin vueltas.
Me envuelve en sus besos,
me demuele, me derrite.
Entre sus sábanas me fundo,
me excito, me derramo, me enervo,
me disuelvo, me yergo, me muero
y resucito.

udi
rosario, agosto de 2010

jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Cómo no responder?

¿Cómo no responder?


Con la ternura del encuentro,

con la pasión, desde dentro,

del corazón, que me estalla.

Con la mirada perdida,

con la ilusión renovada.

La alegría en la mirada.

con los sueños renacidos.

con la boca que te anhela,

con la palabra buscada.

¿Como no responder?

Con la verdad compartida,

con el lecho consumado,

con la mesa disfrutada,

con el río que se escapa,

con la noche y su llegada.

¡Cómo no responder!

Si mis manos te dibujan,

si tu sonrisa me agita,

si tu valor me agiganta.

¡Como no responder!

Al coraje en tu quehacer,

a la fuerza de tus ganas,

a tu deseo infinito.

a tu entrega inusitada.

¿Cómo no responder?

Si mi vida se ilumina,

en el calor de tu hoguera,

en tu sal, en tu sincera

belleza de cuerpo entero,

y en tu dulzura infinita

cuando me decís:

¡Te quiero!

¡Como no responder!

A tu llamada, tu seña,

a tu pedido, tu ruego,

a tu corazón de mina,

a tu valor de mujer,

por como ponés el alma,

cuando decidís:

¡Me juego!

¡Cómo no responder!

Y cubrirte con mis besos,

con mi corazón gastado,

con mis locuras, mis sueños,

con mi armadura dañada,

con mis pobres convicciones,

con lo que sé y lo que siento,

con mi palabra guardada,

con mi temor de otros tiempos.

¡Cómo no responder!

con todo y con mi resto,

de galanura, de amor,

de inocencia y de miedos,

con mis años que me pesan,

hasta que llego a tu puerta.

Con todo, con lo que tengo,

cansado de llevarme puesto,

pero por vos me la juego.

Con ternura, con pasión:

- Piba: a vos te quiero.

Udi, Rosario, Noviembre de 2008.
A Paola.

jueves, 20 de octubre de 2011

Repudio, inmediato, sin peros.

Esto escribí en Octubre pasado. Aqui va de nuevo, sólo destaco una palabra, ya saben cuál.
La muerte de un joven, un militante, debería concitar el repudio unánime e inmediato.
Desde estas líneas, por lo menos, así se dice: No hay modelo de inclusión de mayorías que soporte el asesinato como método.
Y no me vengan con la "interna". Los rompehuelgas, los Pinkerton sólo defienden una cosa: al capital.
Nada más, hoy es un día de luto para cualquiera que se reivindique como parte de lo nacional y popular.
Si el asesino es un policía bonaerense, neuquino o un patotero de un sindicato, su objetivo es el mismo: defender al capital.
La trinchera es muy ancha como para ignorarla, y vos, chabón: ¿de qué lado estás?

jueves, 19 de mayo de 2011

El Mañana Efímero


La España de charanga y pandereta,

cerrado y sacristía,

devota de Frascuelo y de María,

de espíritu burlón y de alma quieta,

ha de tener su mármol y su día,

su inefable mañana y su poeta.

El vano ayer engendrará un mañana

vacío y ¡por ventura! pasajero.

Serán un joven lechuzo y tarambana,

un sayón con hechuras de bolero:

a la moda de Francia, realista;

un poco al uso de París, pagano,

y al estilo de España, especialista

en el vicio al alcance de la mano.

Esa España inferior que ora y bosteza,

vieja y tahúr, zaragatera y triste;

esa España inferior que ora y embiste

cuando se digna usar de la cabeza,

aun tendrá luengo parto de varones

amantes de sagradas tradiciones

y de sagradas formas y maneras;

florecerán las barbas apostòlicas,

y otras calvas en otras calaveras

brillarán, venerables y católicas.

El vano ayer engendrará un mañana

vacío y ¡por ventura! pasajero,

la sombra de un lechuzo tarambana,

de un sayón con hechuras de bolero.

El vacuo ayer dará un mañana huero.

Como la náusea de un borracho ahíto

de vino malo, un rojo sol corona

de heces turbias las cumbres de granito;

hay un mañana estomagante escrito

en la tarde pragmática y dulzona.

Mas otra España nace,

la España del cincel y de la maza,

con esa eterna juventud que se hace

del pasado macizo de la raza.

Una España implacable y redentora,

España que alborea

con un hacha en la mano vengadora,

España de la rabia y de la idea.

viernes, 13 de mayo de 2011

Matar a un ruiseñor


Muchos años después, a esa altura de la vida en la que ya no se
puede presumir ni siquiera de restos de inocencia, "Matar a un
ruiseñor" vuelve a emocionarme como a mis escasos 12 años. Muy
probablemente la impresión se deba tanto a la obra en sí como a los
recuerdos e imágenes de la época de mi vida en que accedí a ella.
"Matar a un ruiseñor" fue una de mis primeras lecturas "serias", por
fuera de la colección "Robin Hood" o esas ediciones – pero eso lo
supe más tarde –que resumían clásicos para chicos. La edición en
rústica era de Bruguera, si mal no recuerdo, y el espesor de su lomo
hubiese bastado para atemorizar a sola vista. Por algún motivo
comencé a leerla siguiendo la recomendación de un tío en cuya casa
estaba pasando parte de mis vacaciones, liberando a mis padres por
un tiempo de mi presencia. A la distancia creo entrever que el
posible motivo de mi constancia para con las primeras páginas se
haya debido a mi necesidad de sostener una imagen – que con el
tiempo iría perfeccionando – de seriedad y circunspección,
cualidades que me parecían imprescindibles en alguien que estaba
llamado a ser un abogado e intelectual de prestigio, profesiones
ambas que por esos años consideraba como mi vocación.
La continuidad de la lectura es de más fácil comprensión: un relato
protagonizado y narrado por una voz infantil tendrá forzosamente más
probabilidades de ser atendido por otro chico.
El ambiente no me era desconocido: años más o menos, aquello que
Twain retratara tan deliciosamente a través de Swayer o Finn seguía
presente en el profundo sur de la gran depresión, sólo bastaba
cambiar "automóvil" por carruaje o carroza, lo demás seguía intacto.
Se sabe, es más sencillo aprender a construir una máquina prodigiosa
que aceptar que cualquier ser humano pueda sentarse a ella con
idéntico derecho.

Tardes tórridas, calles polvorientas, excursiones al río, pasiones
soterradas. Gran parte de la mejor literatura estadounidense de la
primera mitad del siglo pasado se reconoce en ese escenario.
La anécdota en sí es luminosamente paradigmática: muchacho negro,
bueno, trabajador y asistente fiel a la iglesia es injustamente
acusado de un crimen por una mujer blanca – pero de la "escoria"
blanca – víctima de violencia familiar, producto "de la pobreza, la
ignorancia y la bebida". Un abogado liberal (pronúnciese con acento
en la "i") es su defensor, y deberá luchar contra la marea del
prejuicio, infructuosamente, por cierto.
El juicio no requiere de grandes pericias detectivescas y la verdad
es casi tangible. Por supuesto el fallo es burdo, prejuicioso y – a
la corta – criminal.
El final contempla – como manda el canon – cierta justicia poética.
A su manera, "Matar a un ruiseñor" es también una
novela "iniciática". Hay en ella un proceso de crecimiento. El
narrador evoca, y comprende a través de esta evocación aquello que
permaneció velado en su momento.
Pero hay otro nivel – y sí, hacia allí voy – que me resulta el más
conmovedor, y es el de la valoración de la imagen paterna. Ojo que
digo imagen. Es decir: el narrador advierte, y nos relata, cómo,
ciertas experiencias, actitudes y conductas ayudaron a modelar y
construir su imagen paterna. Tomemos un ejemplo: en determinada
circunstancia alguien insulta en la cara al padre del narrador, y su
reacción es de moderación y no de caída en la provocación. Puesto en
el contexto de una persona que pregona la resolución pacífica de los
conflictos y prohíbe a sus hijos las peleas, realza con su actitud
una prédica y demuestra coherencia, valor inapreciable a los ojos de
un niño. Más allá de que puedan encontrarse otras causas para
semejante proceder, sin ir más lejos la pura y simple cobardía.
No importa para el caso, que el narrador – hipotéticamente –
descubra con los años que la verdad está más cerca de la segunda
opción. Su imagen paterna se construyó sobre la primera, y es en
relación con esa imagen como fue construida una vida, o aún una
posible maternidad o paternidad.
Es emocionante – concluyo – ver el proceso de construcción de esa
imagen.
Ya querría un servidor ser objeto de similar tratamiento….

Udi, febrero 2006

lunes, 28 de marzo de 2011

"Volvimos, hijos de puta, y somos millones"

1

Con pito, bombo y matraca
colorinches y sin dientes
inconscientes y valientes
canto y ritmo contra faca
vuelven los tiempos de lucha,
plenos de pibes, millones
un son de murga se escucha:
"Vamos que es esta la ruta,
aquí estamos, compañeros
¡Volvimos, hijos de puta!"

2

Suena el alma con un grito
viste de luces la noche
la risa se hace derroche:
¡La justicia no es un mito!
La libertad tan sagrada
que supimos conquistar
nos empuja a continuar
sabemos, todo permuta
no nos vencieron, ni un poco,
"Volvimos, hijos de puta!"

3


Pasan jóvenes marchando
libres de cargas y pesos.
Vienen marchando los viejos
con las banderas, flameando.
Llegan Madres abrazadas,
por el calor de su pueblo.
Ya no es más día de duelo,
es de júbilo sereno
ya no aceptamos patrones:
"Volvimos, somos millones".

4

Canta el niño y el anciano,
pasa la familia entera.
Mucha izquierda, bullanguera
y parejas de la mano.
Y algún viejo militante
que un lagrimón derrama,
viendo movilizaciones,
escrachando a los milicos
a servicios y a la yuta:
¡Volvimos, hijos de puta!

5

Esta copla, mal urdida
mucha emoción evoca
y alguna dicha - no poca -
que ya pensaba perdida.
Y ya para terminar,
sin olvido y sin perdón,
a quién vendió la Nación
sólo nos resta esperar
que sigan las emociones:
¡Volvimos, hijos de puta!
"Volvimos, somos millones".

udi, Buenos Aires, marzo de 2011

(Gracias por la inspiración a Diego E.)






martes, 1 de febrero de 2011

Palabras

"Como mensajes al mar,
arrojo mis palabras.
lisas, redondas, sin aristas,
puras aún. Puras de toda pureza.
Palabras inocentes, allí están,
sólo hay que tomarlas,
elegirlas, soplar sobre ellas.
Suavemente, con un hálito de niño.
Al azar, al tun tún, porque sí.
Dejar que el corazón las señale:
esta sí, esta también.
¿Aquella no? No, no las pienses.
Y allí van, ruedan, aletean,
nos cortejan, nos sonríen.
Afables, nos besan.
Y, cuando nos descuidamos,
nos poseen, nos seducen,
nos penetran, nos impregnan.
Y, de a poco, hasta nos esclavizan.
Dulce esclavitud, a veces..."

udi, febrero de 2008

lunes, 1 de noviembre de 2010

Posso chorar como um “cabecita negra”?

Por Raúl Fitipaldi.

(Desacato.info)

Murió Kirchner. El Pueblo avanza sobre la Plaza de Mayo, las mujeres viejas cargan banderas argentinas, los jóvenes lloran, el pueblo saluda a la Cristina, ese pueblo mío que amo con pasión está en la calle sin restricciones. Los veo en esta pantalla por donde le escribo y lloro a mares, no por el presidente, ni por Cristina, lloro porque allá está mi gente llorando y siento la necesidad de abrazarla y llorar con ella.

En ese Universo de Mitos que es Argentina, brilla un nuevo mito, el Ciudadano K está en el cielo con Evita, con El Che, con El Negro Olmedo, con Gardel, con Monzón, con el dios de los argentinos que es laico como la puta madre y creyente como Juan XXIII.

Y me da igual si el tipo era populista, si era serio o un vendedor de botellas vacías, él era el Presidente que llegó después que el Pueblo Pobre, que el Cabecita Negra le dio una patada en el culo a la política que venía desde la dictadura. Ese Pueblo que se metió en el Congreso y después invadió la Plaza de las Madres de la Resistencia y de Mayo también, y dio la sangre, dio la vida por liberar la Patria del menemismo, como antes la dieron Darío Santillán, Haroldo Conti, Roberto Walsh, vidas que eran la vida de todos y todas. El Néstor era el Presidente del Pueblo que anduvo kilómetros y sigue andando, que entró por Rivadavia y no paró hasta limpiar la Plaza donde la Nación se sueña.

- Y… que me pide que piense como socialista, ¿eh?, si estoy sintiendo como pobre, como analfabeto, como laburante, como desempleado, como mina con 10 hijos sin marido, como prostituta sin clientes para parar la olla , como estudiante sin plata para comprar un mísero libro, como peronista también, si quiere, y no soy, nunca fui, no seré, pero si es pasaporte para andar en la calle con mi gente, no se preocupe que firmo la afiliación!

- ¡Qué me rumia que elabore como burgués izquierdoso como clase media pensante! No puedo, soy grillo defavela, crecí con el vapor de la lluvia mojando el colchón, sin puerta ni ventana, nací como ese hombre que veo ahora, llorando andrajoso y gritando ¡ Viva Néstor, Viva Cristina, Viva Evita!

- ¡Entienda, querido! Le escribo para que sepa que aquí hay un Cabecita Negra y que ni siquiera viviendo en este paraíso Desterro*, donde voy a reparirme en ceniza, me sacan de la naturaleza de pobre, jodido, dejediento. Soy yo, mi amigo quien va por la Avenida de Mayo con la bandera en la mano, borracho de dolor, con la esperanza en la punta de la lengua porque Evita, El Che, Olmedo, Gardel y todos los otros, el Néstor incluido, son inmortales, por la simple razón de que cuando un Pueblo quiere puede todo, y los argentinos (los prestados también) queremos que nuestros muertos, que son santos, ángeles y guerrilleros así lo sean. Amén.

viernes, 29 de octubre de 2010

Su mejor imagen...

Gracias Bob, por su mejor imagen !


"Con el tiempo se nos fue para la cresta
de una ola que no para de crecer,
hoy su cara esta en todas las remeras
es un muerto que no para de nacer."

miércoles, 27 de octubre de 2010

La alegría de la derecha debería servir de enseñanza

La Nación ¡Tan luego! decidió no publicar comentarios.
¡De qué calibre habrán sido!
La medida de la alegría de los enemigos debería ayudarnos a entender en dónde poner en estos momentos la fuerza y el aguante.
Una vez más, por si hiciera falta, hay que afirmar:
¡No todo es lo mismo, idiotas!
Y si alguien enjuicia a los genocidas, limpia la CSJN, incorpora a los viejos a la jubilación, recupera patrimonio nacional, les cobra impuestos ¡Impuestos! al capital, y promueve la ciudadanía de los más desposeídos, no es igual a los que nos masacran y hambrean.
Así como lloré cuando en el 2003 le escuché decir: "somos hijos de las madres y abuelas de plaza de mayo", hoy también.
Recordemos a Néstor...hagámosle el aguante a Cristina.

“Somos hijos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”




Kirchner en la ONU, “Desde el sur del mundo”


Nestor Kirchner

P. Carlos A. Mullins

“Somos hijos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”
Para el ciudadano Néstor Carlos Kirchner, el jueves 25 de septiembre del 2003 quedará en su memoria como una fecha cuyo recuerdo lo llenará de orgullo.
Un día podrá decirle a sus nietos: “este es su abuelo pronunciando su primer discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el podio más prestigioso del mundo”.

viernes, 15 de octubre de 2010

Resistencia

Uno de estos dias, me levanto temprano.

Miro por la ventana y me resisto.

Digo, hoy, resisto, o sea,

a ver amigo si me explico:

resisto a los que vienen por mi pellejo,

aguanto los rebencazos que me propinan,

resisto las ganas de mandar todo al carajo,

me visto y resisto, y me voy para el trabajo.

Subo al bondi y resisto, el empujón agrio.

Bajo y camino, y resisto, el frío que me acobarda.

Llego a la fábrica y resisto, a la sirena que me apremia.

Resisto frente a la máquina, me meo y resisto,

a parar la producción me resisto, aguanto ¿Vió?

Las ganas de mandar todo a la mierda, resisto.

El dolor en la espalda, lo resisto. Al dolor,

al grito del capanga, lo resisto. ¿Me explico?

A comer mal y poco y de parado, lo resisto.

A correr por un baño sucio, lo resisto.

Una hora y otra más, las resisto. No sea cosa.

Que la quincena venga flaca, lo resisto.

Espero en la esquina, es de noche y resisto.

Resisto dormirme de parado, sin putear resisto.

Me alquilo y resisto. No me vendo y resisto.

Y asi termino mi dia, lo resisto. Me duermo,

pero antes, como en un sueño, me digo:

Hoy me resisto.

udi, julio de 2008

jueves, 9 de septiembre de 2010

Como una columna de fuego

Merecido homenaje a un viejo terco, duro, sabio, y que nunca perdió ni la ternura ni el humor.
שנה טובה, יום הולדת שמח עד מאה ועשרים אורי

¡ Feliz Año, Feliz Cumpleaños, y hasta los 120, Uri !

Haaretz

Traducido para Rebelión por J.M. y revisado por Caty R.


Esta semana, una importante figura israelí celebrará su 87 cumpleaños. Aunque tiene la misma edad que el presidente del Estado y su influencia no es menor por la riqueza de su historia, el teatro Cámeri no ofrecerá una función de gala ni le harán demostraciones de afecto, más bien es de creer que pocos se acordarán de su aniversario.

Despabilado, original, independiente, valiente, con una mente lúcida y afilada como siempre, forjó el aspecto del Estado más allá del reconocimiento que el Estado pueda hacerle. Mientras que Peres estuvo siempre dispuesto a satisfacer a todo el mundo, este hombre siempre estuvo dispuesto a satisfacer su verdad, una verdad que a lo largo del tiempo fue la verdad de muchos de nosotros.

Aunque estas líneas serán poco para su estatura, quizás sirvan para reparar en una pequeña medida la injusticia que sufre este profeta ignorado, el señor de la prensa en idioma hebreo, Uri Avnery.

Mientras celebra sus 87 años, y no muchos menos de actividad pública, el primer ministro Benjamín Netanyahu, líder del Likud, está discutiendo en Washington las ideas que el Sr. Avnery pergeñó 40 años antes. En tiempos en los que más de la mitad del país y prácticamente todo el mundo hablan de “dos estados”, Avnery es olvidado e ignorado. Si su visión se convierte en realidad -como optimista incorregible nunca dejó de pensar que ocurriría-, al menos algún historiador recordará quién puso la piedra fundamental.

La sociedad israelí hace rato que debería haberle pedido perdón por haber enlodado y llevado al ostracismo a este hombre, arrepentirse por las decenas de años de sangre derramada innecesariamente, debido únicamente a no haberle prestado atención. No es difícil imaginar qué Israel habríamos podido tener si Avnery hubiera ocupado los espacios de influencia que Shimon Peres ocupó; si Netanyahu, Peres y otros dirigentes hubieran adoptado en su momento las ideas de Avnery y no ahora, escandalosamente tarde.

Sionista en su más profundo sentido, Avnery es realmente un patriota. Luchó en 1948 y, desde entonces, luchó con la misma determinación contra las políticas de la misma época, que lamentablemente se perpetúan. Antiguo miembro de la unidad conocida como “los lobos de Sansón”, fue el primero que se plantó valientemente contra el gobierno militar, contra la expropiación de tierras en la Galilea, contra la discriminación, la toma de control bajo el “mecanismo de la oscuridad” -término que acuñó para definir al servicio de seguridad Shin Bet- de la democracia, y fue de los primeros en llamar a poner fin a la ocupación, al establecimiento de dos estados y al encuentro con los dirigentes de la OLP cuando ésta se consideraba una amenaza. Como miembro del parlamento único de su bloque, impactó sobre él más que todo el espectro de la cuasi izquierda junta.

Como editor por casi 40 años del semanario Haolam Haze, influenció el carácter de la prensa israelí más que ningún otro. El Estado judío fue fundado en Basilea, pero en la calle Gordo de Tel Aviv, donde estaban las oficinas del semanario, nació su prensa independiente, anti-establishment, que luchó ferozmente contra toda forma de corrupción, desde el robo de antigüedades de un ministro de defensa del pasado hasta el robo de tierras por parte de los colonos, aún si éstas aparecían publicadas en la contratapa del periódico.

Una generación entera de importantes periodistas creció con este semanario, generaciones de jóvenes lo leyeron, a veces a escondidas para no ser descubiertos en una acción pecaminosa. Todos desprestigiaban la publicación, aún mientras estaban en la fila que se formaba cada martes por la noche en el puesto que vendía periódicos a la entrada del café Kassit en Tel Aviv, y lo mismo a la mañana siguiente en el puesto de la Knesset, para leerlo.

Desde el hebreo que hablamos, pasando por los periódicos que leemos y hasta el Primer Ministro que habla con su voz, la influencia de Avnery no puede ser exagerada.

Ahora su vejez eclipsa su juventud. Este hombre noble escribe, protesta y lucha. En el mundo de los ultraortodoxos, mucho tiempo atrás podía haber sido declarado líder supremo; en el seglar queda, como siempre, como un militante solitario y relegado al ostracismo. El premio Nobel alternativo lo obtuvo hace tiempo; nadie lo menciona como candidato al premio Israel, aunque sería engalanarlo con su otorgamiento. Una sociedad más honesta y valiente resultaría si fuera escuchado y se inclinara la cabeza con gran respeto hacia este maravilloso hombre en su 87 aniversario. Felicitaciones Uri Avnery, para usted y para nosotros.

Fuente: http://www.haaretz.com/print-edition/opinion/like-a-pillar-of-fire-1.312215

jueves, 19 de agosto de 2010

Muerto cayo Federico

Muerto cayó Federico, desprecio eterno a sus asesinos, y a su nefasta prole.



Se le vio, caminando entre fusiles
por una calle larga,

salir al campo frio,

aun con estrellas, de la madrugada.

Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.

El peloton de verdugos

no oso mirarle a la cara.

Todos cerraron los ojos;

rezaron: ni Dios te salva!

Muerto cayo Federico
sangre en la frente y plomo en las entrañas

que fue en Granada el crimen

sabed - pobre Granada! - en su Granada!

Se les vio caminar...
Labrad, amigos,

de piedra y sueno, en el Alhambra,

un tumulo al poeta,

sobre una fuente donde llora el agua,

y eternamente diga:

el crimen fué en Granada! en su Granada!


Antonio Machado



domingo, 1 de agosto de 2010

¡Feliz Día del Hijo de Puta!



Pocas ocasiones más justas para una celebración que este próximo "Día del Hijo de Puta".
Dudo entre desearle larga vida en cárcel común, o el destino de Sharón, pero - eso sí - consciente en todo momento.

lunes, 19 de julio de 2010

Ecos de una Presentación...




La semana pasada, mis estimados, en "La Capilla", se presentó en sociedad "De amores Perdidos y Revoluciones frustradas", producto de la pluma incansable de vuestro polígrafo.
La presentación como tal fue un éxito artístico y comercial.
Aplausos sostenidos rubricaron cada concepto vertido por "El polígrafo del Barrio La República", mientras las muchedumbres, desbordando los estrechos límites de "La Capilla", se agolpaban, ejemplar en mano, para obtener una dedicatoria autografiada.
El público femenino, enfervorizado, pretendía incluso que dichas dedicatorias fuesen escritas en versos "tan románticos" (sic) como los dedicados por el autor a la mujer de sus desvelos.
Algo tardío para estos menesteres "El polígrafo del Barrio La República" hubo de contratar, así sobre la marcha, los servicios de un agente literario. Una vez finalizada la venta de todos los ejemplares que, prolijos, se ordenaban sobre la venerable mesa de casín de "La Capilla" éste agente liquidó las ganancias, reservándose la nada despreciable comisión del 90 %.
"Diez por ciento sobre el precio de tapa", adujo dicho representante, "como en las librerías", agregó, revelándose un tanto desleal.
En fin, el evento ratificó - una vez más - que los amigos son la sal de la vida, y su compañía una necesidad imprescindible. Sólo con eso bastaba, pero, para más felicidad, estaban allí mis hijos, mis viejos, la mujer que amo...¿Qué más necesita una persona?

(En la foto Carlos Del Frade, amigo que accedió a presentar el texto perpetrado por vuestro polígrafo. Lamentablemente la rubia bebida no permite ver al mismo....)



lunes, 5 de julio de 2010

"De amores perdidos y revoluciones frustradas"

INVITACION : "De amores perdidos y revoluciones frustradas"

El Jueves 8 de Julio, presentaré en sociedad "De amores Perdidos y Revoluciones frustradas".
Las palabras justificatorias de semejante despropósito estarán a cargo de un amigo: Carlos Del Frade, que arriesga gran parte de su consideración y prestigio al hacerlo.
El prólogo, que adjunto para que no haya reclamos posteriores, deja entrever que mis amigos me aprecian. No queda tan en claro si me leen...(¡Gracias Vaca !)
Así que, ahí los espero, para charlar, a eso de las 19:30, en "La Capilla", de Mendoza y Avellaneda, "De amores perdidos y revoluciones frustradas".
Udi

Prólogo, por Julio Vacaflor.

De amores perdidos y revoluciones frustradas, entiendo, es lo idéntico. La última es una dama esquiva y la primera: también. Pero Udi no abandona e insiste con ambas: la primera le es esquiva y la segunda, también.

Cuando él desarrollaba su artesanal oficio que no requería escribir literatura, quien suscribe lo alentaba a que lo hiciera porque entendía que le sobraba pluma y talento para ello.

Luego, al leer lo que escribía, le sugerí con envidia que volviera a su antiguo desempeño laboral, pero me temo que ya era demasiado tarde. Es más, no solo continuó narrando sino que además, me tiene a aquí, prologando su primer libro.

Lo leyeron otros que también lo alentaron y no se arrepienten. Por el contrario están orgullosos de él, del contenido, del placer que provoca leer su romántico humor y sus mordaces capítulos que de alguna manera, nos evoca a todos en párrafos y citas sobresalientes.

Por lo tanto, no tengo más que someterme a la voluntad de los que saben y aman la palabra, la inteligencia, las historias personales que contextualizan un tiempo y además, lo admiran a él.

Cada historia es un momento recreado con la fantasía del que sabe que está diciendo la verdad, manifiesto que honra a aquellos que pueden volar con la imaginación sin alterar el orden de lo genuino y verosímil.

Es probable que este libro no gane el Nobel, o el Cervantes. Es que escribir sobre una Revolución en ojotas no es tan serio como para promover el deslumbramiento y simpatía decríticos y estudiosos que con alto rigor académico habrán de consagrar a Udi como un gran escritor o no. Quienes lo seguimos desde siempre podríamos asegurar que: o nó.

Aún así, El rusito no abandona este orgullo personal de presentar su primer libro como un canto de amor y fe por escribir y ofrecerlo a las almas de propios y extraños, y también es un signo de coraje.

¿Coraje por escribir? dirán ustedes. Claro que sí, pero también por confiar en si mismo cuando otro oficio lo ocupaba y apostó de puño y letra a buscarse en la palabra y descifrarse en tiempos en donde nacían nuevas historias aún no contadas puesto que el momento social era único, naciente y convulsionante.

Cruza la frontera del lector hasta aventurarse y arriesgar a ser leído entre tantos autores. Solo la vida y su consecuente peregrinar en el alma de sus amantes conmoverá su humanidad y las teclas de sus musas para sellar nuevamente, en alguna hoja, una letra con otra, y una idea con otra, y una frase con otra y una amistad con otra, como ésta que siento por él y me permite mentir sin remordimientos: éste es el mejor libro que he leído en mi vida.

Su segundo libro será el mejor de todos; por eso, algo me dice que ya no tendré la honra de prologarlo. Enhorabuena que llegue ese momento querido amigo.

Buena suerte Udi

Julio Vacaflor

1º de mayo de 2010