Bella Ciao, una versión "pulenta pulenta"

domingo, 18 de mayo de 2014

Leyendas del GULAG




El camarada Dimitri Rodionovich Timoshenko miraba caer la nieve sobre la taiga. A fines de diciembre no cabía hacerse grandes esperanzas respecto a un hipotético mejoramiento en las condiciones climáticas. El camarada Timoshenko suspiró, pensando – quizás – en la soleada aldea, cercana al Mar Negro, en la que había nacido, más de seis décadas atrás, y sus inviernos benignos y veranos radiantes de sol sobre los trigales.
El camarada Timoshenko se estremeció, hundiendo aún más las manos en el capote recién recibido de Moscú, de basta confección, pero abrigado. Hasta las ganas de fumar quitaba el frío siberiano, pero Dimitri Rodionovich  sacó su mano derecha del cálido cobijo para buscar en el bolsillo superior de su chaquetilla una arrugada marquilla de cigarrillos “Acorazado Potemkin”. Se acercaba el camarada oficial Konstantin Davidovich Volodsky, resoplando por el esfuerzo de caminar sobre la nieve blanda, y Dimitri Rodionovich sabía que su jefe de brigada apreciaba los gestos de cortesía de parte de sus subordinados, cómo invitarlo con un cigarrillo, o procurar que todas las mañanas encontrara sus botas limpias y lustradas al lado de la puerta de su camarote.
El camarada oficial, un joven de menos de treinta años, egresado de la Academia Pugachov de Oficiales Penitenciarios, era hijo del legendario David Moiseievich Volodsky, héroe de la Revolución, dos veces condecorado con la Orden de Lenin y miembro del Buró Central del Partido. Su presencia en ese campamento de re-educación política sólo podía interpretarse como el escalón inicial de una ascendente (y rauda) carrera dentro del sistema de prisiones soviético.
El camarada carcelero Dimitri Rodionovich Timoshenko, a más de treinta años de su conversión a la Revolución, ya había visto pasar muchos jóvenes como el camarada Konstantin Davidovich Volodsky en ese puesto. Y a algunos de ellos, inclusive, los había recibido después como huéspedes de la institución.
Haciendo caso a su experiencia como revolucionario, y a centurias de sabiduría popular campesina, Dimitri Rodionovich siempre trataba de mostrarse servicial y atento a las necesidades de los jóvenes camaradas que – haciendo sus primeras armas al servicio de la Revolución – llegaban al campamento de re-educación política con las últimas teorías sobre la regeneración de criminales políticos y los métodos para su reinserción exitosa en la gran tarea de construir la patria de los trabajadores.
“Un oficial siempre es un oficial”, recordó el camarada Timoshenko que le decía su padre, el viejo Rodión Petrovich, ya sea que defienda al Padrecito Zar Nicolás Nicoláievich, o a los bolcheviques que lo destronaron y fusilaron, “y su fusta es muy ligera”, concluía el viejo, con los ojos entrecerrados y en voz baja.
El camarada oficial Konstantin Davidovich Volodsky acercó su cigarrillo al fósforo encendido que el camarada carcelero Dimitri Rodionovich Timoshenko le ofrecía, y – aspirando con fruición el azulado humo de su “papirosa” – clavó su mirada en el interior del campamento, del que salían, al trote y con las manos en los bolsillos, los internos. La taiga, monótonamente blanca, no ofrecía puntos de referencia.
“¿Qué tarea tienen que cumplir hoy los reclusos Zamuk y Wolkof, Dimitri Rodionovich?” inquirió el oficial Konstantin Davidovich Volodsky. El camarada Dimitri Rodionovich Timoshenko se apresuró a sacar sus manos del capote, y extrayendo un ajado papel del interior del mismo leyó sin vacilaciones: “los condenados traidores desviacionistas troskystas Wolkof y Zamuk están asignados a la cocina, camarada oficial Volodsky”.
Konstantin Davidovich inspiró otra bocanada, y mientras sacaba una hebra de tabaco pegada a sus labios dio unos golpes en el piso con los tacones de sus relucientes botas de blando cuero.
El camarada carcelero Dimitri Rodionovich Timoshenko miró por un instantes sus propias botas, duras y resecas, pero no extrajo ninguna conclusión de la diferencia. Los oficiales tenían uniformes y botas nuevas, la tropa se arreglaba con los rezagos, siempre fue así y Dimitri Rodionovich no tenía motivos para suponer que alguna vez sería distinto. “No sirve de nada pensar sobre lo que está bien y lo que está mal”, era otra de las frases favoritas del viejo Rodión Petrovich, y Dimitri Rodionovich nunca puso en discusión la sabiduría de su padre.
“¿Qué informa el camarada Simeón Ivanovich?” preguntó el joven Konstantin Davidovich Volodsky, mirando las filas de prisioneros que formaban filas para la revista matinal.
Dimitri Timoshenko, carcelero desde los inicios de la Revolución, buscó unos segundos una página detrás de la lista de prisioneros. “El camarada doctor Simeón Grobotkin informa que las tendencias antisociales y contrarrevolucionarias de los condenados Wolkof y Zamuk no han demostrado signos de mejora, camarada Volodsky”, informó, sin ninguna inflexión particular en la voz.
Kostia, como lo llamaba su padre, Consejero del Soviet Supremo, al joven oficial Konstantin Davidovich Volodsky, apagó la colilla de su cigarrillo con la punta de su bota  mientras trazaba un garabato en la nieve con la fusta. Miró hacia la taiga y su vista se detuvo en un enorme montón de troncos que esperaban ser cortados para el piso de una nueva barraca.
“Asígneles la madera, Dimitri Rodionovich.”, ordenó brevemente, para después agregar, mirando a los ojos al carcelero: “Sólo a ellos dos”.
Dimitri Rodionovich Timoshenko se cuadró, juntando con energía los tacos de sus botas y haciendo la venia contestó, con la práctica de décadas en el Ejército Rojo: “Comprendido, camarada oficial”. Sin pedir explicaciones complementarias Dimitri Rodionovich se dirigió hacia las filas de prisioneros, a quienes cansinamente contaba el cabo Alexander Pavlovich Buriatin, ex prisionero él mismo, que cumplía la segunda parte de su condena  - por anarquismo y robo a la propiedad del pueblo -  en Wolodczin, a escasos dos kilómetros del campamento, bajo el régimen de libertad vigilada.
El carcelero Timoshenko llamó a Wolkof y Zamuk mientras, con una mirada, hacía ver a Buriatin que él se hacía cargo.
Wolkof y Zamuk se acercaron caminando despacio, años de reclusión en el campamento de re-educación política no los habían hecho mejores ciudadanos ni comunistas, pero habían aprendido – sin dudas – a ahorrar energías. Cuando estuvieron frente al veterano guardia se detuvieron, parados entre firmes y descanso, pero con las manos en los bolsillos. Dimitri Rodionovich los esperó, con las manos a la espalda, y secamente les impartió la orden del día: “Toda esa madera tiene que estar cortada antes de las 6 de la tarde, empiecen”.
Iván Ivanovich Zamuk y Pável Borisóvich Wolkof se miraron, y con la misma actitud corporal de prescindir del despilfarro de fuerzas, caminaron sin detenerse hasta la madera acumulada en un montón, descargada del camión que, mensualmente, iba por ella al bosque.
El camarada Timoshenko miró sin expresión cómo los prisioneros colocaban unos troncos cortos a modo de caballete, y – tomando cada uno un extremo de la larga sierra – comenzaron a aserrar metódicamente, sin prisa, pero sin pausa.


Llegada la noche, Dimitri Rodionovich buscó en la fila de prisioneros que volvían de sus tareas a Wolkof y Zamuk, y ante su ausencia se dirigió al cabo Buriatin, para preguntarle por los reclusos. Alexander Pavlovich Buriatin no se distinguía por la velocidad de sus procesos mentales, pero disimulaba la carencia – o creía hacerlo – repitiendo las preguntas que le formulaban, con aire de considerar el asunto. Dimitri Rodionovich conocía a sus subordinados, y antes que el cabo Buriatin terminara de repetir la pregunta le informó que en caso de no presentarse con los prisioneros en cinco minutos podía darse por arrestado. El rostro de Alexander Pavlovich se iluminó en una mueca de comprensión, y sin repetir ni una letra salió disparado hacia la taiga, débilmente iluminada por los reflectores periféricos del campamento.
No le hizo falta buscar mucho. Wolkof y Zamuk llegaban en ese momento, limpiándose aserrín de los uniformes, y sin apretar el paso. Sus rostros se veían acalorados, pero no descompuestos, notó – con algo de íntima satisfacción – Dimitri Rodionovich Timoshenko.
El camarada carcelero, presintiendo la respuesta, inquirió a los prisioneros sobre el grado de avance de la tarea. Tanto Wolkof como Zamuk, parados no muy firmes, pero sin que su posición pudiese ser tachada de indolente, contestaron al unísono: “Terminada, camarada Dimitri Rodionovich”.
Dimitri Rodionovich, secamente y con un ademán, los envió al comedor. Una vez alejados, anotó sus nombres  nuevamente  para el trabajo en la cocina al día siguiente.


A la mañana siguiente, la taiga amaneció como de costumbre, pero el camarada Konstantin Davidovich Volodsky parecía de peor humor. Se acercó a Dimitri Rodionovich  y, sin siquiera preguntar qué tareas debería desarrollar ese día Wolkof y Zamuk , le ordenó que los enviara – a ellos y sólo a ellos –  a vaciar las letrinas del campamento y distribuir su contenido, presumiblemente como abono, en la base de cada uno de los abedules recién plantados en la periferia del campo.
Dimitri Rodionovich, sin inmutarse, giró sobre sus talones, buscando al cabo Buriatin con la mirada, pero, al no hallarlo inmediatamente, gritó los nombres de los reclusos, mientras tomaba nota mentalmente de la falta de su subordinado directo.
Wolkof y Zamuk se cuadraron, ni muy obsecuentes ni muy contestatarios, ante el viejo Rodión, quién los impuso de sus obligaciones para el día, en pocas palabras, tal su costumbre.
Si algo pasaba en el interior del camarada carcelero, no se reflejaba en su rostro. Expresar las emociones era superfluo, le había enseñado su padre, y Dimitri Rodionovich, que había servido a la Revolución luchando contra la intervención, y sobrevivido a la invasión alemana defendiendo a la madre patria, nunca encontró motivos que lo convenciesen de lo contrario.
Esa tarde, recorriendo el perímetro del campo, el viejo revolucionario, guardia rojo, partizano, suboficial del glorioso Ejército Rojo y actual carcelero, tuvo que reprimir una sonrisa de satisfacción, cuando vio la prolijidad con que habían realizado su trabajo los condenados traidores desviacionistas troskystas, distribuyendo de forma uniforme todo el contenido de las letrinas del campamento en todos y cada uno de los abedules plantados cada cinco “arshins”. El viejo Dimitri  no podía acostumbrarse, más de veinte años después de su implementación, al sistema métrico decimal.
Esa noche, Dimitri Rodionovich se ocupó personalmente de que los delincuentes antisociales y contrarrevolucionarios Wolkof y Zamuk no tuviesen ningún trabajo extra, e incluso que el recluso que servía el “borshch” se ocupara de que Wolkof y Zamuk encontraran algo más sólido que remolachas en el fondo de la sopa. Si los reclusos lo notaron, no se lo hicieron saber, quizás agotados por el trabajo que normalmente hacían ocho personas, o quizás por participar de las ideas del viejo Rodión Petrovich respecto a la expresión de los sentimientos.


Por la mañana, la temperatura había bajado de forma notable, y el camarada carcelero Dimitri Rodionovich Timoshenko esperaba la llegada del camarada oficial Konstantin Davidovich Volodsky, barruntando tal vez qué tipo de trabajo les impondría ese día a los reclusos Wolkof y Zamuk.
Pero Kostia había tenido una mala noche, o estaría redactando su informe semanal, el caso es que no se hizo presente esa mañana. Dimitri Rodionovich dejó que la distribución de tareas se hiciese según el orden del día, sabiendo que Wolkof y Zamuk serían asignados a su puesto de trabajo habitual. Siguió a los reclusos y, ya en la cocina, les señaló un montón de bolsas de papas, ordenándoles que separaran las grandes de las chicas, para distintas comidas.
Si alguien le hubiese prestado atención al curtido semblante del viejo revolucionario, habría detectado algo así como una sonrisa cuando dejó a los condenados reclusos traidores troskystas sentados en unas sillas bajas, con las bolsas de papas ante sí, y en el casi confortable ámbito de la cocina.
La noche no tardó en llegar más que de costumbre, y terminando otra de sus recorridas el camarada Timoshenko se dirigió a la cocina.
Los condenados traidores desviacionistas troskystas Wolkof y Zamuk, sentados frente a frente, con el mismo montón de bolsas a sus espaldas, y una de estas, abierta entre ellos, discutían acaloradamente.
Esta imagen fue demasiado para el viejo carcelero, que, tirando por la borda todo lo aprendido de su padre, demostró con creces los sentimientos que lo embargaron en ese momento:
“¡Ahh, troskos de mierda! ¡Son buenos para serruchar el piso y desparramar mierda, pero cuando tienen que tomar una medida no sirven ni para clasificar papas!”











miércoles, 9 de abril de 2014

Impactantes declaraciones de Binner después del Megaoperativo antinarco en Rosario!!!!!

Obvñzfhnhxds

 

Binner, otra vez, no se guarda nada, y juega a fondo.

Sin medias tintas, y apenas conocida la novedad.

Rotundo, tanta claridad conceptual asusta.

Seguiremos informando. 

lunes, 31 de marzo de 2014

En los barrios populares rosarinos se come gato, y en los de clase media, seres humanos.


En 1870, sólo un año antes de la Comuna de París y a menos de 500 km. de la ciudad luz, honorables vecinos, campesinos, labriegos, jornaleros, comerciantes y amas de casa, protagonizaron un hecho que las crónicas de aquel entonces difundieron urbi et orbi, y que la historia actual trata de relegar al olvido.
Según nos cuenta acá un tal Robert el Yankee, a los habitantes del pueblo de Hautefaye, en la Aquitania, no les cayeron bien ciertas expresiones de un ocasional visitante a la feria del lugar y  - acusándolo de una cierta actitud "derrotista" respecto al desarrollo de la guerra franco-prusiana - tomaron la instrucción del caso en sus propias manos. No satisfechos, también se constituyeron en jueces, y decretada la culpabilidad, prescindiendo de formalidades como la actuación de abogado defensor, decidieron el castigo, su oportunidad y modalidad.
Los detalles, algo escabrosos, de la forma en que se aplicó el castigo los ahorraremos en esta ocasión,  dejando constancia - sólo para el registro - que incluyeron la ablación de un ojo, amputación de diversos dedos de la mano derecha, y clavado de herraduras en los pies. En el proceso le fueron arrancados casi todos los dientes.
El acto final de esta aplicación de justicia por mano propia lo protagonizaron las mujeres del pueblo, untando en pan la grasa que caía del cuerpo del ejecutado mientras lo asaban en una pira, se supone que aún vivo, para alimentar con ella a sus vástagos, faltos de proteína animal debido a la escasez que la guerra provocaba.
Un escritor y dibujante francés nos entregó, no hace muchos años, un relato novelado de los hechos, en la huella que abriera Rodolfo Walsh y continuara Truman Capote.
Bien, varias preguntas pueden hacerse respecto a esto. Dejando de lado las morbosas, especialidad a la que parece dedicarse el autor antes citado, quién parece que leyó a Echeverría.
Naturalmente los más de 140 años transcurridos entre aquellos tiempos y nuestra esclarecida época nos obligan a suponer que difícilmente puedan repetirse acontecimientos como los ante descriptos.
O sea, descreemos que personas educadas, con recursos materiales mínimamente dignos, habitantes del siglo XXI, muchas de las cuales comulgan todos los domingos, varias de entre ellas con estudios por lo menos secundarios completos, rechacen los beneficios de miles de años de civilización humana que prescriben el cumplimiento de ciertos protocolos, debidos procesos, o - mínimamente - códigos.
Otro autor que visitó el tema nos dejó una frase con la que podríamos finalizar este artículo, se trataría, en fin, de la repetición de un rito de violencia viejo como el mundo: el asesinato de un chivo expiatorio”.

jueves, 20 de marzo de 2014

Hace un año, anticipé las líneas maestras del papado de Francisco. Lo repongo ahora, a ver si J. P. Varsky lo levanta, y tengo mis 15 minutos de fama. Somos humanos, ché

Un año de Francisco :



Un jesuita se come tres perucas al desayuno, y mientras se limpia los dientes pregunta cuando va a estar listo ese Stalin al horno que sus cofrades le prometieron para el almuerzo.


 Con Trotzky, en cambio, no se mete:


sabe que las sectas judías son irreductibles,


miren si no dónde terminó uno que se tomó las cosas en serio:




Y si algo no quiere un jesuita, es eso. Bergoglio es un animal político, que sabe anudar alianzas cuando hace falta...



y traicionarlas cuando ya no convienen.

Hace un año, anticipé las líneas maestras del papado de Francisco. Lo repongo ahora, a ver si J. P. Varsky lo levanta, y tengo mis 15 minutos de fama. Somos humanos, ché

Un año de Francisco :


Un jesuita se come tres perucas al desayuno, y mientras se limpia los dientes pregunta cuando va a estar listo ese Stalin al horno que sus cofrades le prometieron para el almuerzo.


 Con Trotzky, en cambio, no se mete:


sabe que las sectas judías son irreductibles,


miren si no dónde terminó uno que se tomó las cosas en serio:




Y si algo no quiere un jesuita, es eso. Bergoglio es un animal político, que sabe anudar alianzas cuando hace falta...



y traicionarlas cuando ya no convienen.



lunes, 3 de febrero de 2014

Woody Allen, Match Point, el abuso, la suerte y la culpa.

Hace varios años, discrepé con muchos sobre el tema principal de la película "Match Point".
A la vista de lo que sabemos hoy, reafirmo todo lo que oportunamente dije, agregando, tan sólo dos palabras al final del post. Estas serían: "como él".

"Match Point" o la influencia de la suerte en los avatares humanos



Hay quién dice que la suerte es amoral y juega con nuestros destinos. Su existencia, para el siglo que reverencia a la ciencia entronizándola más que a la agria Atenea, ha sido muchas veces negada. Y hay quién, emitiendo un juicio moral, lo lamenta.
Pero, ¿Cómo no nos dimos cuenta que al ser la suerte quién da y quita queda exonerada nuestra responsabilidad? En medio de la paradoja quedamos los humanos, desnudos frente a la creación, esperando que aparezca Prometeo para traernos el fuego.
Los habituales trajinadores de estas páginas conocen de mi natural componedor y poco dado a las definiciones tajantes, dejando - salvo en cuestiones éticas - espacio para la comprensión de las miserias humanas. "¿Quién no tiene un muerto en el armario?" me habréis oído contemporizar. No es esta, mis queridos seguidores, ocasión para medias tintas.
En efecto, si "vivimos a merced de la suerte", entonces no sólo el azar (o un dios de segundo orden) dirige, digita y juega con nuestras vidas, sino - peor aún - nada que hagamos puede alterar esta circunstancia.
¿Así que una pelota que caiga de un lado u otro determina toda una serie de acontecimientos y líneas de desarrollo que pueden llegar a ser hasta contradictorios?
Para seguir con el ejemplo tenístico y desmontar el sofisma: la pelota puede caer de cualquier lado, y la suerte determinará quién es el campeón. ¿Y todas las pelotas anteriores? ¿Cómo llegaron a esa instancia los contendientes? ¿Estuvo la "suerte" inequívoca y dócil siempre de un lado? Si la suerte interviene con tal potencia ya podría ser cualquiera de nosotros campeón de Roland Garrós. Pero lo cierto es que para llegar a ese instante se requiere de una vida dedicada a esa actividad - amén de talento.
Aquellos acostumbrados a mirar el dedo que señala la luna habrán tomado a Match Point como un discurso sobre la suerte y su incidencia en la vida de los comunes mortales. De hecho, más allá de la crítica y los argumentos de venta de las distribuidoras, la suerte, dice el habitante más famoso de Manhattan, no existe. Nosotros hacemos que las cosas sucedan, poniendo nuestro deseo y voluntad detrás de su consecución.
El protagonista: ¿Tiene suerte de casarse con una mujer adinerada? ¿O tiene suerte que el hermano de ésta lo haya invitado a cenar? o, antes aún ¿llegó la suerte cuando aceptó la previa invitación de éste a tomar una copa? ¿O, simplemente, si nos postulamos a un cargo de profesor de tenis en el club más exclusivo de Londres no será hasta previsible que comencemos relaciones personales de este tipo?
El héroe de Allen no tiene suerte, de hecho no la necesita, él y su poderosa voluntad está detrás de todo lo que le pasa. Sólo que a veces las cosas se van de madre, y eso sucede, no por mala suerte, sino cuando encontramos otra voluntad puesta a conseguir un deseo que contradice los nuestros.
Y aquí, mis pacientes lectores, es dónde aparece brillando la gema que el renegado de Holywood esmeriló con paciencia durante una hora para sus - a estas alturas - confundidos espectadores.
No vanamente el protagonista lee a Dowstoiesky, quién abruma a Raskolnikov con la culpa. Hay quién cree que el protagonista de Match Point se enfrenta a acontecimientos inesperados. Producto, deberíamos pensar, en este caso, de su "mala suerte". Pero, ¿Qué puede haber de inesperado en que una amante traicionada amenace con revelar la relación a la legítima?
¿Por qué, entonces, "Crimen y castigo"? El profesor de tenis que nos presenta Allen es profundamente moral, como el atormentado ruso. Sólo que lo es al estilo de nuestro siglo. Sabe, el protagonista, dónde están el bien y el mal. No reniega del primero, pero, aquí la genial intuición del autor para encontrar el espíritu de nuestros tiempos: puede vivir con la culpa que le genera cometer el segundo.
Esta es, a todas luces, la genialidad de esta obra de arte. Allen toma el concepto de culpa que trabajó Dowstoievsky, lo retuerce, lo destila, extrae su esencia, lo viste con el ropaje de nuestro tiempo y nos lo presenta: Esto es "La culpa" en este siglo.
"Aprendemos a vivir con ella", dice Chris. Y así vamos por la vida, que sigue siendo maravillosa. El sol sale, nuestro hijo nos sonríe, el auto espera en la puerta.
El mundo, Allen siempre lo supo, está lleno de hijos de puta que duermen como angelitos por las noches, "como él".
Udi

miércoles, 15 de enero de 2014

El salario del miedo



Todos los días los capitalistas arriesgan su capital, para obtener beneficios.
Todos los días, los trabajadores arriesgan su vida, para obtener su salario.
A veces, pierden la apuesta.
Los capitalistas pierden dinero, y los trabajadores, bueno...ya saben.

martes, 14 de enero de 2014

Si dulcemente

A veces en la vida pasan cosas
lejanas, inasibles, casi ajenas.
Como el amor de los otros,
un rayo sobre las islas,
un gol de alguien sobre la hora,
un tren que descarrila en la India,
otro niño muerto en Gaza,
la primera nevada en una aldea de Dinamarca,
un desplante de Chávez al Imperio.
Cosas, que pasan simplemente,
a los otros. ¿En qué me afligen,
o alegran? Digo, más allá
del pensamiento, de la razón.
Y a veces pasan otras,
parecidas, pero distintas.
Esta es una, inevitablemente.

Por que si, por que hay pocos como el,
solo por eso, y qué caray:
Bienvenido el premio Cervantes a Juan Gelman.

udi, rosario, noviembre de 2007





Si Dulcementesi dulcemente por tu cabeza pasaban las olas del que se tiró al mar/ ¿qué pasa con los hermanitos que entierraron?/¿hojitas les crecen de los dedos?/¿arbolitos/ [otoños que los deshojan como mudos?/en silenciolos hermanitos hablan de la vez que estuvieron a dostres dedos de la muerte/sonrien recordando/aquel alivio sienten todavía como si no hubieran morido/como si paco brillara y rodolfo mirase toda la olvidadera que solía arrastrar colgándole del hombro/o haroldo hurgando su amargura[(siempre) sacase el as de espadas/puso su boca contra el viento/aspiró vida/vidas/con sus ojos miró la terrible/ pero ahora están hablando de cuando operaron con suerte/nadie mató/nadie fue muerto/el enemigo fue burlado y un poco de la humillación generalse rescató/con corajes/con sueños/tendidos en todo eso los compañeros/mudos/ deshuesándose en la noche de enero/ quietos por fin/solísimos/ sin besos -- "

lunes, 13 de enero de 2014

Plantar un olivo...y envenenarlo


Cultivos varias veces centenarios, fuente de trabajo y único ingreso para miles de familias, plantar un olivo implica un pacto intergeneracional: un adulto que planta un gajo de un olivo sabe que éste dará aceitunas óptimas recién a partir de los 15 años, y en muchas ocasiones recién a los 25 años.
Plantar un olivo es una apuesta a la vida, a una forma de vida.
El olivo crece como aquejumbrado, se retuerce sobre si mismo, soporta amplitudes térmicas extremas, se aferra a la tierra con raíces extendidas y que profundizan hasta 4 metros.
Si bien el nombre de la planta, olivo, es de origen latino e indoeuropeo, el nombre de su fruto, la aceituna, es de raíza semítica: zait en árabe, zeit en hebreo (זית) Su pronunciación, según las regiones, es igual.

En 1979 el entonces Ministro de Agricultura de Israel, Ariel Sharón, iniciaba la fumigación sistematica con veneno de plantaciones de olivo en los territorios palestinosocupados por ese país en 1967.
La práctica de arrancarlos, aplicada esporádicamente por Israel en los territorios palestinos ocupados en 1948, fue perfeccionada con la implementación de la manu militari en un territorio deseado por los ocupantes, con la desventaja de estar poblado por habitantes indeseados.
El resultado, a casi medio siglo de aquella segunda ocupación,  puede verse acá:


Desde esta página deseamos, de todo corazón, que en los 8 años transcurridos entre el ACV de Arik y su muerte haya estado plenamente consciente de su estado.

jueves, 9 de enero de 2014

Los que la siguen juntando con pala: "Ultima generación en tecnología bancaria"

"Ultima generación en tecnología bancaria"

Al decir de los autores de la nota, los banqueros han desarrollado herramientas y utensilios específicos para la actividad, revolucionando los métodos de realización de utilidades.
La informática aplicada ha quedado, merced a estos inventos, relegada a un segundo plano.
¿Será tan así como dicen estos chabones acá abajo?
¿Debería el gobierno Nac&Pop darse por enterado?
¿O lo sabe y nadie hace nada ?
Uff, demasiadas preguntas para un mediodía de enero, lo dejo a vuestra distinguida consideración:

Los que la siguen juntando con pala

Durante los últimos años el sector financiero mostró un incremento permanente en sus ganancias. Pasaron de 4746 millones de pesos en 2008 a 26.798 millones de pesos este año. La performance supera el desempeño de cualquier otro sector de la economía nacional.


Por Diego Kofman, Lavih Abraham, Marco Kofman, Natalia Barreda y Sergio Arelovich *

La regulación del sistema financiero constituye una materia pendiente a 30 años de la recuperación de la democracia. La legislación vigente fue aprobada por la última dictadura en 1977. Esa norma reemplazó a otra “ley” emitida durante otro gobierno de facto en 1969 que, a su vez, sustituyó a otra de 1957, también en años de dictadura. Desde 1955, la democracia argentina no se ha dado sus propias leyes en materia financiera. En cambio, esa tarea estuvo a cargo de la elite económica que implementó las modificaciones a través del brazo armado de las dictaduras del siglo pasado. La excepción fueron los ensayos durante 1973 y 1974. Por eso, repensar el marco legal para el sistema financiero representa un desafío que pone en debate la centralidad creciente que ha ido adquiriendo el sector. La modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, acompañada de numerosas normas emitidas por la entidad, fue cerrando ciertas porosidades generadas por la reforma de 1977. Sin embargo, el peso adquirido por el sector, su rol en el proceso de acumulación del capital y la relevancia en la construcción de precios sensibles en la economía argentina tornan impostergable su abordaje.
Durante los últimos años el sector financiero mostró un incremento permanente en sus ganancias. Pasaron de 4746 millones de pesos en 2008 a 26.798 millones de pesos este año. Ese comportamiento se tradujo en un incremento de la rentabilidad sobre patrimonio neto de la actividad desde el 12 al 28 por ciento anual. La performance de la rentabilidad del sector financiero a lo largo del último lustro supera el desempeño de cualquier otro sector de la economía nacional.
Entre los elementos que explican este comportamiento se destacan el crecimiento del margen bruto por intermediación y los resultados por tenencia e intermediación con títulos públicos. El primero, que muestra la diferencia de ingresos y egresos por la administración de créditos y depósitos que hacen los bancos, pasó de 18.046 millones de pesos en 2008 a más de 75.000 millones para el 2013. Mientras que el segundo elemento pasó de 5619 millones de pesos en 2008 a poco menos de 21.500 millones de pesos.
Es importante mencionar que este desempeño en las variables del sistema financiero se observaron año a año desde el 2008. Por ejemplo, la rentabilidad sobre patrimonio neto pasó de 12 por ciento en 2008 a 18 por ciento en 2009, a 22 por ciento en 2010 y desde entonces creció dos puntos porcentuales cada año. También merece observarse la importancia del negocio vinculado a títulos públicos en el total del negocio bancario, siendo la misma una actividad no tradicional del sector.
Otro apartado a destacar del comportamiento sectorial es el cambio en los niveles de productividad del trabajo en los bancos y entidades financieras. En ese sentido, un elemento importante es el crecimiento del número de cuentas bancarias administradas por trabajador, que pasó de 401 en el año 2008 a 592 en 2013, un crecimiento de casi el 50 por ciento. A su vez, el margen bruto de intermediación asociado a cada una de esas cuentas mostró un crecimiento a valores constantes del 46 por ciento. En la actualidad, este valor es de 1216 pesos.
Vinculado con los puntos mencionados, podemos observar un fuerte incremento del valor agregado bruto sectorial por trabajador. Medido en pesos de diciembre de 2013, este concepto pasó de 461.000 pesos en 2008 a 950.000 pesos en 2013, representando un incremento real de más del ciento por ciento.
Por último, son notables los cambios ocurridos en la distribución del valor agregado sectorial. En primer término, es destacable el crecimiento de la participación del Estado en dicha distribución. Mientras que en el quinquenio 2004-2008 la apropiación estatal promedio por medio de impuestos fue del 12 por ciento, en los últimos cinco años esta participación pasó a representar un 24,5 por ciento en promedio. En términos absolutos, la recaudación estatal estimada en concepto de impuestos pagados por el sector para el año 2013 asciende a los 28.000 millones de pesos. Para dimensionar lo que este monto representa, tengamos presente que el presupuesto de salud del año 2013 fue cercano a los 13.000 millones.
La principal contrapartida de este incremento es una caída de la participación de las ganancias brutas, que pasaron del 52 por ciento al 41,5 por ciento entre esos períodos. De todos modos, en términos absolutos, las ganancias brutas pasaron de 12.000 millones de pesos en 2008 a más de 39.500 millones en 2013. Simultáneamente, la participación de los trabajadores del sector cayó del 36 por ciento al 34 por ciento. En términos absolutos, la masa salarial pasó de 9000 millones de pesos en 2008 a más de 31.500 millones en 2013.
Es importante observar con mayor detenimiento estos últimos datos. En el año 2011, la participación de los trabajadores en la distribución del valor agregado bruto sectorial fue del 36 por ciento, para el año 2012 ese concepto se redujo al 34 por ciento, y para el año 2013 se observa una nueva caída, que lo lleva al 32 por ciento. En estos mismos años la participación de la ganancia bruta se mantuvo estable en un 40 por ciento. Mientras que la participación del Estado pasó del 24 por ciento en 2011, al 26 por ciento en el 2012 y al 28 por ciento en 2013.
Las características actuales del sistema financiero y los nuevos roles desempeñados por el mismo en los últimos años, ya sea como comprador y operador de títulos públicos o como fuente de recursos tributarios cada vez mayores, agrega complejidad a un debate sobre qué tipo de intervención y regulación estatal se requiere para orientar la dinámica de este sector en el marco de una estrategia de desarrollo económico sostenido.



* Red de Economía Política de Rosario redecopol@gmail.com

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Multimedia

La recuperación de los mecanismos democráticos para la elección de gobernantes en 1983 significó la reaparición de espacios para la difusión de ideas que la censura dictatorial, por una parte, y la connivencia de parte del periodismo con la dictadura, por otra, habían cercenado durante años. Cierto es también, que incluso en períodos de relativa vigencia de los derechos constitucionales la prensa argentina fue objeto de presiones más o menos intensas, persecuciones e intentos de domesticación abiertos o velados.
El fenomenal proceso de concentración del capital que se produjo en los últimos 35 años no dejó afuera a los medios de comunicación. Es así como vimos la formación de gigantescos "Multimedia" que, montados en la generalización de las nuevas tecnologías de comunicación e informáticas, extendieron sus redes a todo el ámbito nacional convirtiendo la comunicación en un verdadero oligopolio integrado vertical y horizontalmente.

La alianza estrecha de estos "Multimedia" con los grandes capitales que controlan la economía argentina decide el perfil de sus intereses permanentes. El apoyo más o menos desembozado hacia alguna expresión política puede responder a intereses coyunturales, pero estructuralmente los "Multimedia" son el departamento de marketing y publicidad del gran capital, en su faz discursiva, y su canal de expresión editorial en la reflexiva.
La permanencia de medios de comunicación independientes de los dictados del capital se torna cada vez más problemática, debiendo luchar contra todo tipo de intentos de acallar su voz.
Una manera de disfrazar la comunión de intereses empresarios entre los "Multimedia" y las fracciones del capital más concentrado fue la difusión de actitudes de "denuncia", generalmente de maniobras de corrupción por parte de funcionarios estatales. Esta práctica - la denuncia - no reprochable en sí, es utilizada como ariete en la avanzada contra la claudicante clase política argentina y fundamentalmente los organismos colegiados parlamentarios, a los cuales se acusa de ser la causa de los males del país. La miserable verdad oculta tras esta aparentemente valiente actitud es que a los parlamentos se los ataca no por sus vicios - que los tienen - sino por sus virtudes, que son las que exasperan a los dueños del capital. La crítica contra la corrupción oculta la necesidad de anular los controles parlamentarios, rara vez aplicados, pero potencialmente molestos a las demandas del capital, siempre ávido de superiores márgenes de rentabilidad obtenidos por leyes y decretos que sostengan los rendimientos decrecientes de la tasa de ganancia.
Ante tal cuadro de situación es cuando adquieren multiplicado valor los intentos por hacer escuchar otras voces. La utilización de herramientas tecnológicas novedosas puede abrir caminos en la tarea de llevar información y opinión alternativas para contrarrestar la intoxicación y desinformación que nos bombardea cotidianamente. Pero, aún el modesto éxito que algunas propuestas caracterizadas por su valentía y compromiso con la verdad puedan obtener, es intolerable para los defensores de las clases dominantes, y sus patrocinadores.

Este blog, objeto del despiadado "ninguneo" de comentaristas, es un ejemplo de esto. 
 

martes, 17 de diciembre de 2013

Dura Lex, sed lex.






Un día de invierno de 2008 Joseph K., entró a un supermercado “Tag”, pidió dos cortes de carne tipo “tzipele”, de 27 pfennings, y cuando llegó a la caja dijo que no tenía dinero.
Mejor que devuelva la mercadería”, le advirtieron. Pero Joseph K., desocupado, delgado, tuerto y sin antecedentes penales, apoyó una bandejita en el mostrador y se escondió la otra entre la ropa. Una empleada se dio cuenta de la algo burda maniobra, y llamó a la policía.
Mientras lo llevaban detenido, bajo la intensa nevada, dijo que él y su hijo llevaban una semana a puro té sin azúcar. Cinco meses después fue procesado por tentativa de hurto. Cuatro años más tarde, un tribunal oral lo condenó a 15 días de prisión en suspenso y a pagar las costas. Para eso se basó en las mismas pruebas que había dos semanas después del hecho. En total intervinieron once jueces en distintas instancias, cuatro fiscales y cinco defensores.

Veinte abogados, cuatro años.

Veinte abogados, cuatro años.
Veinte abogados, cuatro años.
Veinte abogados, cuatro años.


Al final del camino, Joseph K. fue afortunado: la Cámara de Casación lo absolvió en un fallo que fue autocrítico con el funcionamiento irracional, burocrático y discriminatorio del Poder Judicial. Tuvo suerte porque en otras ocasiones, la propia Casación – con otros jueces - confirmó condenas insólitas, desde el robo de 9 pfennings en monedas de un teléfono público, un estuche de cámara de fotos y hasta un apflestrudel.
Un ejemplo célebre de un caso insignificante fue el de la denuncia del ex juez Gregorio Samsa contra el detenido que le arrebató un sandwich del escritorio, y se lo comió, para agravar su causa.

Acá: click

martes, 19 de noviembre de 2013

Polémico


"Tal vez Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta"
Que algo sabía de intervencionismo, digamos al paso.
Poco más para decir, que para las críticas ya se regodean en La Nación y el GDA.
Y ya que estamos, la alegría desbordante de los eternos enemigos del pueblo debería llamar a reflexión a quienes salen a "despegarse".


martes, 29 de octubre de 2013

¡Hola TN! ¿Querés saber que va a hacer Clarín? Mirá acá abajo...

"En cumplimiento del fallo -que cuestionó tanto la implementación de la ley como la actuación de la autoridad de aplicación- el Grupo Clarín exigirá, en las instancias correspondientes y previo a cualquier otra medida, que las mismas se adecúen a los principios constitucionales de imparcialidad, independencia y solvencia técnica, señalados por la Corte. Además, y también de acuerdo a lo expresado en la sentencia, el Grupo Clarín continuará defendiendo judicialmente cada una de sus licencias vigentes y legítimamente adquiridas."

No faltarán jueces que paren cada medida que tome la Autoridad de aplicación de la Ley, todo - naturalmente -  dentro de la Ley y la Constitución.

Lamento arruinarles alguna algarabía, muchachos, pero el desfile de constitucionalistas por TN y canal 13 ya te lo anuncia.
Salute !

lunes, 21 de octubre de 2013

Recién ahora veo claro





Ahora te lo puedo contar. Vos sabés bien que yo nunca fui de hablar mucho, si hasta mi mujer dice que es más fácil sacarme una muela que una palabra. Pero lo de Angelito lo tengo acá, no sé si me entendés, es muy fuerte, hace más de diez años, bueno, justo doce ¿No? Y ahora con lo del accidente me viene todo a la memoria y necesito contárselo a alguien, por eso de compartir, de descargarse ¿No? Como dicen los psicólogos, de verbalizarlo ¡Qué sé yo! La verdad es que durante mucho tiempo me sentí - ¿Cómo explicarte? - un poco culpable. Vos sabés que con Angelito siempre fuimos como hermanos, a todas partes juntos, hicimos los cinco años en el Politécnico en la misma división, después el prefirió meterse en las cosas más teóricas, vistes que siempre le decíamos que tenía un cerebro de calculadora, ¿No? Yo en cambio seguí para Técnico Constructor, si mi viejo era albañil. Bueno, la cuestión es que a Angelito se le dio por la física, si hasta sacar el doctorado no paró. Siempre fue un bocho el hijo de puta. La verdad es que yo me recibí medio de pedo, y cuando terminé nunca más agarré un libro, Angelito, incluso me ayudaba con las materias más jodidas. Bueno, tampoco soy una bestia ¿No?, pero me acuerdo, por ejemplo, que tenía un examen, yo, no Angelito, y no podía parar de persignarme antes de entrar a rendir, y Angelito me decía, "Si estudiaste, ¿Para qué te persignás?, y si no estudiaste, ¿Para qué te persignás?" así, pero no por descreído, o - qué sé yo - por ateo. Es que el tipo siempre fue un racionalista y decía que mis cábalas eran pura superstición. Vistes que yo siempre fui muy cabulero, ¿No? Me acuerdo que íbamos por la calle y el muy guacho pasaba a propósito debajo de una escalera, y se me cagaba de risa en la cara, por que yo le decía que no había que tentar al diablo, eso que siempre me decía mi vieja, ¿Te acordás?
Bueno, la cuestión es que para el mundial del '90, vistes que se hablaba de la mufa, del que te dije, y lo de las cábalas estaba en boca de todos, yo, por ejemplo, siempre tomaba el café con la mano izquierda ¿No? En casa nos reuníamos a ver los partidos con la "Chancha Gutiérrez" y el "Pajarito Giardinelli". El pajarito siempre se ponía la misma campera, y se sentaba medio de costado al televisor, cuando jugamos contra Brasil se hizo un nudo con las dos puntas del cuello de la campera, de los nervios, ¿No? Y bueno, cuando Caniggia lo deja arrastrándose por el piso a Taffarel el pájaro va y dice que si aguantamos hasta el final del partido no se desata el nudo hasta la final, y era para mearse de la risa verlo al pajarito ponerse y sacarse la campera sin desatar el nudo, si hasta casi se cae tratando de sacarse la campera, y lo puteaba de arriba abajo a la Chancha que le decía que no se arrime a la ventana a ver si le pasaba como al personaje ese de un cuento, no sé si de Borges, o de Cortázar, que se mientras se ponía un pulóver va y se cae por la ventana abierta. Bueno, vistes que la Chancha es de leer mucho, así que él siempre te relaciona todo con los libros, la cuestión es que ya nos tenía medio podridos por que a cada pelota que los "brasucas" metían en los palos la Chancha se ponía a darnos una conferencia sobre nuestro "destino sudamericano", y boludeces por el estilo. Se ponía serio la Chancha y decía que la alegría es brasileña, y que nosotros somos muy melancólicos, muy tangueros, qué sé yo, pero al final cuando va el negrito ése, Miller, creo, y yerra el gol justo sobre la hora, la Chancha se levanta y empieza a putear duro y parejo, y salió al balcón como loco y empezó a gritar que les rompimos bien el orto, como loco estaba la chancha.
Te acordás que por esos días todos andaban hablando de las cábalas, y de los calzoncillos rojos, y nos poníamos siempre en la misma posición para ver el partido, ¿No?
Bueno, resulta que después del partido con Italia, cuando el Goyco le ataja el último penal al tano ése, Seregni, o Serenelli, no sé, no importa. Bueno, al otro día se me ocurre ir a verlo a Angelito, para tomar un café y hablar un rato al pedo, aparte me acordaba que el viejo de Angelito es tano, y seguro que andaba medio triste por Italia, como mi viejo, que se callaba la boca, pero por dentro quería que ganara Italia, así que me voy para allá, a la tardecita, y lo llevó al Alejandro, el pibe mío, que tendría por esa época, esperá que te digo, ahora anda por los 21, ¡No!, 22, así que tenía 10 años, y sabía ir a jugar con los mellizos de Angelito, Horacio y Gustavo, que tienen un año menos, a propósito el otro día lo vi al Horacio, y está hecho una bestia, creo que mide como dos metros y juega al rugby, en "Los Buitres de la Sexta". La cosa es que Angel estaba en el fondo, creo que arreglando las plantas, vistes que es medio loco con eso. Yo entro y los mellizos estaban sentados y arriba de la mesa había plastilina, y goma de pegar, esas cosas, como de la escuela, ¿No? Entonces me arrimo y les pregunto qué estaban haciendo. Bueno, el Horacio me cuenta que hacían muñequitos de plastilina con la figura de los jugadores alemanes, y le ponían el nombre. Y yo, de boludo nomás, les pregunto para qué, y entonces el Gustavito le grita a Angel, que venía del fondo, que traiga las espinas del rosal para clavarlas a los muñecos.
¡Uy, cómo me cagué de la risa! Me revolcaba, te juro. Y Angel venía con las espinas en la mano, me mira y me dice que de qué mierda me río, que lo hacía por los chicos, que habían empezado después del partido con Camerún, y que él por supuesto que no creía en esas pavadas, a ver si a la vejez se le iba a dar por la brujería, y que si yo pensaba que él creía en esas cosas era por que no lo conocía después de tantos años y que me podía ir a la concha de la lora. Y ahí no va que el Gustavito, el menor de los mellizos, bah, el menor no, digo, el más chiquito, se larga a llorar y le dice que si él no creía entonces por qué les había dicho que había que hacerlo con las espinas del rosal y no con alfileres, como les había dicho la Poli, que me parece que es la vecina de Angel, la de rulos, ¿Vistes?, y en eso llega Mabel, la mujer de Angel. Y, vos no me vas a creer, pero Mabel le dice que entonces por qué él el día del partido con Yugoeslavia se la pasó hablando de que en el cerebro humano había zonas inexploradas y que había cosas de las cuales la ciencia no podía dar cuenta. Mirá, te juro que la cara que tenía Angel era para una foto, era para ponerse a llorar, te juro.
Y esto nunca se lo conté a nadie, incluso después cuando nos veíamos con Angel, con la familia, o solos, nunca hablamos de eso, era como un pacto de silencio ¿No?
Bueno, la cuestión es que Angel agarró todos los muñequitos de arriba de la mesa y los tiró todos a la mierda, se puso como loco, nunca lo vi así. Trajo un balde para la basura y tiró todo adentro, y decía que él nunca había creído en esas estupideces, y que en su casa nadie se iba a poner a hacer brujerías, que para algo él le había dedicado la vida a comprender las cosas, y tratar de explicarlas racionalmente, y que, de última, era un científico, doctor en física, y no iba a aceptar que en su casa se hicieran esas cosas.
Se hizo un silencio, te juro que nunca se escuchó menos, si hasta el Gustavito, el menor de los mellizos, se calló la boca, vistes. Alejandro, el nene mío, me miraba con una cara que estaba blanco, el pobre. Bueno, a mí no se me ocurrió nada en ese momento, la cosa era como una bronca familiar ¿No? Así que dije una boludez, como que tenía que ir al Supermercado, o algo así, y me las tomé.
Bueno, vos no me vas a creer, pero hasta ahora nunca le conté esto a nadie, el Alejandro creo que ya ni se acuerda, a lo mejor no terminó de entender, vistes.
Y ahora, con lo del accidente ¿No? Es cómo que me vino todo a la cabeza de nuevo, y también por el mundial, claro. Y recién ahora veo claro, recién ahora me doy cuenta, después de 12 años, parece mentira. ¿Entendés? Ese día Angel tiró todos los muñequitos, así que no siguieron clavándoles las espinas, y, ¿Entendés? ¿Te das cuenta?
Dejaron de hacerlo, los muy boludos, no le pincharon las piernas a Brehme, y ¡Perdimos la final!

Udi, mediados de 2002.

 

domingo, 20 de octubre de 2013

Volvimos, hijos queridos...


Todo pasa, la política, la plata, la salud y hasta los campeonatos van y vienen.
Lo permanente es que volvimos a demostrar quién es el dueño, patrón y alma de la ciudad.
El clásico mas caliente del mundo tiene dueño, y es -como no podría ser de otra manera - el canalla.
Volvimos, hijos queridos, y - nobleza obliga - hay que agradecerles que hayan venido y no se hayan ido...


viernes, 4 de octubre de 2013

Checos y argentinos, tan distantes, y tan parecidos...

Me encantó la nota. Es que amo a la gente que ¿pierde? el tiempo en las tabernas.

La ciudad que perdía el tiempo

Por Juan Forn

En lo alto del parque Letná en Praga hay un metrónomo gigantesco, pintado de rojo y visible desde cualquier parte de la ciudad. La mitad del tiempo la aguja está inmóvil: el aparato gasta una fortuna en electricidad y el municipio no consigue sponsors que paguen la cuenta, pero a los praguenses les gusta igual, han tenido siempre fama de perder el tiempo en las tabernas, de hacer todo con retraso. Cuando Stalin cumplió setenta años, en 1949, todos los países socialistas homenajearon puntualmente al Padrecito de los Pueblos pero los checos se atrasaron con la estatua que querían erigir en su honor. Para congraciarse con Moscú no les quedó otro remedio que prometer el monumento más grande erigido nunca en honor a Stalin. Se alzaría en la colina del parque Letná y sería la primera visión de la ciudad que tuviera todo aquel que llegara a Praga. Llamaron a concurso pero se presentaron sólo cuatro proyectos, así que el ministro de Propaganda obligó a todos los escultores de la ciudad a presentarse voluntariamente. El más ilustre de ellos, el viejo Karel Pokorny, presentó un Stalin con los brazos abiertos como un cristo, para no ganar. Otokar Svec no podía darse ese lujo: necesitaba adecentar su currículum; un año antes le habían tirado abajo una estatua que había hecho de Roosevelt y tenía un pasado de vanguardista, necesitaba congraciarse con el nuevo orden. Otokar no quería ganar, le alcanzaba con quedar segundo para limpiar su legajo, pero tuvo la desgracia de que eligieran su proyecto.
El Stalin que debía hacer tendría la altura de un edificio de diez pisos. En una mano llevaba un libro y la otra la apoyaba contra el pecho. A su lado marchaban, abriéndose en cuña, un obrero, una muchacha y un soldado. Los del lado izquierdo eran soviéticos, los del lado derecho eran checos. En el proyecto original sólo acompañaban a Stalin los dos soldados, pero el ministro dijo que parecía que se lo estaban llevando detenido e hizo agregar las otras figuras. También pidió que Stalin fuera más alto, aunque transgrediera las proporciones del conjunto. En realidad, sacó una navaja del bolsillo y cercenó las cabecitas de los comparsas en la maqueta en arcilla que le había presentado Svec. El escultor comprendió la metáfora: él mismo era comparsa en el proyecto; mucho más importantes eran los arquitectos. Había que hacer una gigantesca base subterránea de hormigón a la estatua para que la montaña no se derrumbara; había que reforzar el asfalto de los caminos desde las canteras de Liberec para que resistieran el paso de los enormes camiones rusos portatanques que irían trasladando los bloques de granito que conformarían la estatua; y había que apurarse para que el monumento estuviera listo de una vez. Pero eran checos: Stalin se murió y ellos no habían terminado todavía.
Tardaron seis años en lugar de dos. La i-nauguraron con fastos el 1º de mayo de 1955. Kruschev ni se molestó en ir; Stalin ya empezaba a ser mala palabra. Meses después vendría su famoso discurso del XX Congreso condenando los errores del Padrecito de los Pueblos y prohibiendo el culto a la personalidad. En todas las ciudades del bloque socialista se apuraron a cambiar los nombres de plazas, calles, montañas y ciudades dedicadas a Stalin. Pero sacar la enorme estatua del parque Letná no era tan fácil: había sido construida para que durara para siempre. Y, además, era obra de todo el pueblo checoslovaco. Eso dijo el ministro de Propaganda cuando la inauguró y eso hizo poner en la placa. Un par de horas después, en las tabernas de Praga, los parroquianos se felicitaban unos a otros por lo bajo, por la responsabilidad que les cabía en aquel retablo que simbolizaba a la perfección las colas para recibir carne, el día de la semana que había carne en los mercados de Praga. El nombre de Otokar Svec no se mencionó en todo el acto. Tampoco estaba en la inauguración. Se había suicidado unas semanas antes. La leyenda dice que una noche había ido en taxi hasta la obra, la circundó a pie, volvió al coche, le preguntó al taxista qué le parecía. El taxista señaló una de las figuras secundarias del lado de los soviéticos y dijo: “Me gusta que la campesina le toque la bragueta al soldado. Al que lo hizo seguro que lo fusilan”. Lo encontraron muerto, acostado en el piso con la llave del gas abierta y una nota de puño y letra contra el pecho: “Cedo los honorarios que me correspondan por el pago de mi tarea a los soldados que perdieron la vista en la guerra”.
Al ministro de Propaganda Kopecky le tocó encargarse de la eliminación de la estatua, “de una manera digna y respetuosa”. Cuando recibió la orden, le dijo a su mujer: “Este asunto me va a seguir hasta después de muerto”. La montaña era débil para sostener el monumento, imagínense para demolerlo. Hacían falta ochocientos kilos de dinamita repartidos en dos mil cargas para ir acabando por partes con aquel coloso de granito, hierro y hormigón. No se lo podía volar por los aires alegremente; debía hacerse en tres detonaciones sucesivas y envolventes, para que los trozos no salieran despedidos a la ciudad. La explosión fue de día pero todos la recuerdan nocturna por el famoso cuento de Bohumil Hrabal. (“El Moldava era una serpiente de plata, la cabeza de Stalin se llenó de luz, y de pronto la noche tuvo todos los colores del arcoiris y caían pequeños pedazos de Stalin sobre los techos de las casas y el río, mientras la enorme cabeza rodaba colina abajo, cruzaba el puente y llegaba hasta la Plaza Mayor.”)
En realidad, la cabeza de Stalin la habían desmontado antes, en trozos, los dos mejores picapedreros de las canteras de Liberec. Los bloques se ocultaron en distintos rincones de la ciudad. De alguna manera, la nariz de Stalin llegó al cementerio judío, un rincón perdido al fondo del cementerio municipal, y allí quedó, durante treinta años, custodiada por el jovencito que había recibido la orden de enterrarla. Cuando cayó el Muro, el jovencito ya era un viejo pero seguía siendo el único sepulturero del cementerio judío y tenía todavía la nariz de Stalin. Todos los taxistas de Praga lo sabían y ofrecían el paseo a los turistas occidentales que querían comprar souvenirs socialistas. El viejo sepulturero recibía a las visitas, les hacía la recorrida y rechazaba invariablemente las ofertas que le hacían por la narizota de granito. “Hay cosas que no tienen precio”, decía y procedía a relatar cómo se habían ido los soviéticos de Checoslovaquia en 1989. Especulando con la proverbial pachorra checa, los rusos argumentaron que necesitarían dieciocho meses para evacuar en tren. Los taxistas checos, todos los taxistas del país, se pusieron de acuerdo y propusieron llevarlos ellos: a los oficiales, a los soldados, a las esposas, a los hijos y a los bártulos. Los transportaron a todos en una semana al otro lado de la frontera. Lo hicieron gratis, a cambio de que fuese en siete días. Durante una semana, todo aquel que tenía un coche en Checoslovaquia fue taxista. Y cuando volvía de la frontera se iba derecho a la taberna a perder el tiempo como Dios manda.