Bella Ciao, una versión "pulenta pulenta"

viernes, 27 de septiembre de 2013

Una vez por semana...


Una vez por semana la contratapa de Página/12 da una lección de literatura. De esa parte de la literatura a la cuál todos nos atrevemos... 
Pero que muy pocos logran dominar. Ya se sabe, lo difícil no es subirse al tigre, sino mantenerse sobre él.
¿Cómo hace usted para nombrar, citar y evocar a Cézanne, a Balzac, a Schoenberg, a Picasso, a Rilke y a Walsh sin que resulte un pastiche indigerible?
Lea a Juan Forn, una vez por semana, en la última página del Página, y quizás, tan sólo quizás, después de mucho leerlo, comience a entender - como empieza a barruntar este servidor - que escribir es saber borrar lo inútil.
¡Salute a todos, y buen fin de semana!
PD: la Coca es sólo para atraer incautos, como decía el Negro.

viernes, 13 de septiembre de 2013

No se puede ser amigo de todos



Los años me fueron mostrando que el éxito en política no es para el que quiere, sino el para el que puede. En mi barrio, sin ir más lejos, el gallego Miño hace más de dos décadas que lo intenta, y nunca cosechó ni las adhesiones de la familia.
Participó de la vecinal General Susvín, animando kermesses y días del niño, y nada. A la hora de votar la gente le era esquiva.
Después probó de organizar una nueva vecinal, pagando de su bolsillo más de 6 meses de alquiler de un local en plena calle Mendoza, y no iba ni el loro.

Participaba de todas las procesiones, llevando en andas a San Susvín, y ni el cura le hablaba.
Le compraba rifas a todos los chicos de séptimo y cuarto año, al pedo.
Se afilió al partido que gobierna la ciudad, asistiendo a las reuniones del "Presupuesto Participativo". Se informó incluso sobre el funcionamiento de este instituto en Porto Alegre. De balde, apenas pedía la palabra los asistentes comenzaban a levantarse abandonando el recinto. En cinco minutos quedaba el pobre gaita con el micrófono y los delegados del intendente - estudiantes universitarios con contratos basura - mirándose entre ellos para ver quién daba por terminada la reunión.

En cierta oportunidad la flaca Esther, psicóloga de profesión y militante full time del proyecto nacional y popular, le sugirió un tratamiento fonoaudiológico, para tratar de moderar los negativos efectos que su voz de pito provocaba en sus interlocutores. El pobre Miño se costeó un incómodo - y oneroso - tratamiento, que generaba rispideces familiares, dado que el único momento en que el gallego podía hacer los ejercicios de vocalización era la hora del "prime time", cuando la gallega y su hija se enroscaban con la novela de turno. Los resultados, si bien mejoraron un tanto su capacidad expresiva, no se notaron en un incremento de su convocatoria política.
Pero el gallego no aflojaba. Tras la lectura de un cuento de Gabriel García Márquez decidió pegar carteles por todo el barrio, ventilando en ellos trapisondas de jóvenes en las esquinas, sobreprecios de comerciantes inescrupulosos, renuncios maritales de honorables matronas, visitas a media tarde de galanes a amas de casa de discurso conservador, becas sospechosas recibidas por los hijos del concejal del barrio, basura contaminante enterrada en baldíos por empresarios de reconocida solvencia y abultados balances, sobres con billetes por debajo de la puerta de delegados sindicales, malos tratos de las maestras jardineras para con los infantes, la costumbre del escribano del barrio de "aleccionar" a sus secretarias después de hora.
Pero, o bien el gallego no leyó el cuento completo, o no lo entendió, dado que firmaba los carteles, con nombre y apellido.
Hoy el gallego, después de un largo y doloroso posoperatorio para extraerle la bota del upite, reflexiona sobre la mejor estrategia para defenderse de los juicios por calumnias e injurias recibidos.
Moraleja: No se puede ser amigo de todos, claro, pero tampoco enemigo...


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Septiembre de 1973

A una vida segada en La Moneda
“Yo tenía veinte años. No permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la vida.”
Paul Nizan
“Aden-Arabia” (1932)

Durante muchos años esta frase repiqueteó en mi cabeza, desde principios del ‘73, marzo, a mor de precisión. Por ese tiempo trabajaba en una librería, completaba (o deformaba) mi educación asistiendo los viernes a la escuela, a fin de enterarme que había pasado durante la semana, sin mucho énfasis, he de reconocer algo tardíamente.
Años después supe que la impresión que la frase me causó no era nada original, muchos antes que yo habían sucumbido ante la fuerza de esas dos líneas. ¿Qué terrible sino había marcado al autor para contradecir de modo tan categórico la sabiduría popular, la mera evidencia empírica, la cotidiana apariencia que muestra al sol “moviéndose” sobre nosotros?
Ya sea por comprensión, o por empatía inexplicable adivinaba una historia hermosa y terrible, como un ángel caido, especulé con el paso del tiempo y lecturas sugerentes. No me atreví, en aquel entonces, a continuar la lectura. Ese texto permaneció en mi imaginación como un paisaje velado por la niebla matutina. Algo así como un vallecito que vemos al costado del camino, un cartel con un nombre que nos atrae, pero nuestro derrotero no pasa por allí. Nos prometemos volver, pero, ya se sabe: la vida es corta.
Y, mientras mis veinte años pasaban, fugaces, y los treintas se perdían, indistintos, la curiosidad se desvanecía un tanto, persistiendo, como rescoldo de fogata que titila, la ominosa sentencia, que, casi sin darme cuenta, empezó a relumbrar con luz propia, cobrando autonomía y generando un deseo, casi una obsesión: la usaría algún día.
Así, hoy, después de tanta vida, amor, dicha y llantos, encontré el lugar en el que brillaría, como esas gemas solitarias, sólo que adornando un texto modesto, de entrecasa. Como si a un hermoso diamante lo sacásemos del terciopelo al que realza, para colocarlo en el arrabalero percal, de barrio, sí, pero limpio y honesto ché.
Yo tenía quince años. No permitiré que nadie diga que no es la edad más hermosa de la vida.
Septiembre del ‘73 vino cargado de vientos, vientos terribles, vientos de libertad y de esperanzas, y una tempestad que marcó a nuestra generación.
El once de septiembre, un día del maestro como tantos, trajo, como un zonda pestilente, la negra humareda y el ulular de los bombardeos. Los dias que siguieron, grávidos, húmedos de sangre y lágrimas amanecían con truenos de fusilería, con alaridos pavorosos. Las noches se interrumpían con pesadillas en las que manos sin rostro empuñaban guitarras que disparaban notas. Canciones desarmadas le ponían, en esas jornadas, el pecho a los fusiles. Y sin embargo el cielo aún parecía al alcance de las manos, bastaba proponérselo, había que desearlo con la intensidad del que se despoja de todo y se abandona en el mar del “nosotros”. Muchos piadosos varones de otros tiempos hubiesen querido sentir esa pasión que nos consumía el pecho.
Tener quince años en esos días fue como cuando papá te dejó quedarte hasta tarde esa vez.
Era entrar de colado a una fiesta para grandes, pero los “grandes”, cuando te descubrían marchando a su lado, te sonreían y guiñaban el ojo; era sentirse cómplices de la felicidad de crecer siendo parte de algo más importante que uno mismo, de la embriagante sensación de comunión, de hermandad elegida.
Descubrimos, o creímos descubrir, nosotros, los de entonces, que se puede torcer el destino. Creímos que nuestras ideas, nuestro amor por la vida y los hombres, se impondrían por la verdad que encierran, por la luminosa justicia que representan. Sólo había que “ponerle el cuerpo”, y ser consecuentes en la lucha, que era presente, porque el porvenir era nuestro.
Aprendí, en esos días, a marchar “codo a codo”. Al calor de ese fuego que nos subía a las gargantas de forjaron amores, amistades, y -claro - ideales.
En Chile se jugaba una parte de nuestro futuro, y si bien lo decíamos, creo - ahora - que no lo creíamos. Nada estaba aún decidido en esos días de septiembre, que con su devenir debieron recordarnos que se pueden cortar todas las flores, pero nunca abolir la primavera. Pero esto lo sabemos ahora, en aquellas maravillosas, trágicas, iluminadas noches de la primavera del ‘73 intuíamos que la mejor empalizada contra el odio y la codicia de los poderosos eran los miles y miles de anónimos protagonistas de su destino en las calles.
Fueron las tardes y noches en que llenamos las plazas, gritando ¡Viva Chile, mierda! Fueron los días en que cantamos, con la potencia de la juventud y el amor a los desposeídos, a los masacrados, a los explotados: “de pié, luchar, el pueblo va a triunfar. Será mejor la vida que vendrá”.
Inevitablemente estos recuerdos están marcados a fuego por la presencia de miles y miles, que marcharon en la vanguardia, que honraron con su vida el compromiso contraído en esos días.
Soy un romántico incurable, ya se sabe, y algún lagrimón me aflora ante el recuerdo de tanta vida masacrada, de tanta potencia tronchada en flor. de tanta saña puesta al servicio de la codicia, de tanto odio contra la solidaridad, de tanta metralla y descarga eléctrica sobre los cuerpos, sobre los templos de humanidad de sangre, carne y nervio. Tanta agua podrida para apagar tanto fuego de rebeldía, tanto viento de libertad como el que encarnaban nuestros treinta mil compañeros que nos marcaron el camino: ¡Es por acá, no aflojes! Es mejor la vida que la muerte, el amor que le tuvieron a su pueblo y a su gente que el odio de los expropiadores y apropiadores.

También para ellos, o mejor: sobre todo para ellos va mi recuerdo a una vida segada en La Moneda.

martes, 20 de agosto de 2013

jueves, 15 de agosto de 2013

Los Límites del capitalismo argentino


Crecimiento. Tensiones inflacionarias. Competitividad.

El perfil de la economía argentina, pasados 8 años de crecimiento, incluido uno cuasi recesivo al que se le echó abundante aceite en los engranajes para permitir su funcionamiento aún a marcha lenta (sí, las metáforas mecánicas tienen su encanto, para qué negarlo) sea posiblemente la mejor forma de intentar comprender los posibles derroteros políticos para los próximos años.

1. El crudo Invierno de Manolo

A mediados del 2008, sostuve que las señales de la economía mundial indicaban la irrupción – más temprano que tarde – de una típica crisis de sobreproducción.
La recesión, hija de ésta, que sobrevino a fines de aquel año aún perdura, y la guerra comercial de todos contra todos no muestra señales de detenerse.
El Banco Central Europeo (eufemismo por “Bundesbank”) ha ratificado su apego a la ortodoxia monetarista más militante. Parados sobre la economía más productiva del planeta y sentados sobre la máquina de fabricar euros, los alemanes consiguieron con sus exportaciones lo que los panzers no pudieron hace 7 décadas. Aún así el capital germano debió presionar a la baja sobre los salarios de sus propios trabajadores.
La Reserva Federal (eufemismo por “Banco Central Mundial”) mientras tanto, ha lanzado una Licitación para la ampliación y renovación de todo el parque de impresoras, con el objeto de sostener el ritmo de emisión, que no se cansa de batir récords. Por el método de pagar con papel desvalorizado la hora de trabajo el capital yankee obtiene los mismos resultados que los ordenados teutones.
Ambas soluciones tienen el mismo punto débil: abaratar el precio de sus productos es sólo una parte, la otra – más difícil, créanme – es encontrar quién los compre y los pague. Aquí los mecanismos previstos por la OMC se vuelven contra sus propios creadores, que comienzan a recurrir a procedimientos que no figuran en el Manual de la Calidad de la citada organización. Hecha esta modesta, breve y documentada introducción, veamos que pasa en estas pampas.
2. El caliente Verano de Mariano
Finalizada la temporada estival se midieron resultados récord de consumo turístico interno. Ni siquiera el GDA pudo escapar al frío de los números y el calor de la economía. En otras clases la AUH cumple y el Bono a los Jubilados dignifica (Dos mil palitos más para avivar la hoguera).
La mejora en el índice de ocupación, y dentro de éste el aumento - sí que modesto - del universo de los que cobran en blanco frente a los negreados aportan su llamita a estos fuegos.
El estímulo a la demanda interna sigue persiguiendo el objetivo de mantener girando la perinola, evitando que esta se detenga y dictamine quién paga. O, en otros términos, mantener activo el círculo virtuoso consumo-producción-empleo, según el manual de economía "k", influido por el espanto al período 1998-2002, en el que la deflación mostró el reverso de la simpática cara que el neoliberalismo maquilló durante algunos años previos, pagando gastos corrientes con activos patrimoniales, algo así como vender las joyas de la abuela, la casa y la honra de las hijas para que algunos sigan comiendo jamón español y chocolate suizo.
Los beneficios de estas políticas, mensurables en el corto plazo, no deberían - sin embargo - impedirnos ver ciertos límites no demasiado lejanos.
En efecto, tal como en los últimos tiempos se viene sincerando, las tensiones inflacionarias no reconocen las mismas causas de hace dos décadas. El superávit fiscal implica - además de capacidad para operar sobre la economía - que la emisión monetaria se produce para convalidar el aumento en la demanda de medios de pago por parte del sector privado: el crecimiento de la actividad necesita circulante. Las tarifas vienen disminuyendo, por efecto de la inflación, año a año, permitiendo a los consumidores destinar porciones crecientes de su ingreso al rubro alimentación - por ejemplo - que no deja de crecer, cobijado en los precios internacionales de las commodities y los acuerdos entre el gobierno y la burguesía agraria que desactivaron en parte la rebelión de los propietarios y fracturaron la mesa de enlace.
Nada indica, por otra parte, que vaya a detenerse la preferencia del sistema financiero por otorgar créditos al consumo, subidos a tasas efectivas anuales que envidian banqueros de todo el mundo.
Colándose entre estas causas, como los marineros de Odiseo en la caverna de Polifemo, la inversión estatal en infraestructura y educación (por citar sólo dos elementos inflacionarios) no deja de hacer su aporte. Imprescindible, por otra parte, agrego, editorializando. En efecto, en una sociedad con NBI en alto grado la construcción de redes de agua potable y cloacales es tan necesaria como inflacionaria. Al ser actividades con una altísimo componente de mano de obra en su integración de costos pagan salarios que no se traducen en la producción de bienes transables. Es decir, no aumenta el volumen de la oferta de bienes y servicios. En palabras de ciertos referentes políticos: se van por la canaleta de las 4 comidas diarias, las zapatillas y la cuota del ciclomotor. Si bien en el mediano plazo las inversiones en infraestructura deberían fructificar en una mejora de la competitividad sistémica, no es menos cierto que en la coyuntura conspiran contra la actual.
3. El módico Otoño de la burguesía que supimos conseguir
En paralelo al virtuoso círculo de crecimiento y empleo que el consumo alienta, otras variables parecen menos beneficiosas al considerar el largo plazo. La catarata de dólares que ingresan, a cambio de porotos de soja, obliga al BCRA a comprar este producto, convirtiéndose en demandante de algo que el resto del mundo no quiere. Son, ciertamente, las desventajas de la triangulación. Argentina le vende soja a los chinos, éstos le venden baratijas a los yankis, y estos - como vienen haciendo desde Bretton Woods - le venden papel verde al resto del mundo. Como una parte - ya no tan grande - de nuestra deuda está nominada en esos papelitos, nos sirve para pagar facturas atrasadas.
El "viento de cola", la re-programación de los vencimientos de aquellas facturas impagas, y una administración austera durante el primer trienio del ciclo iniciado en 2003, bastaron para que las amenazas políticas no se tradujeran en acciones efectivas. El crecimiento económico - descrito más arriba - necesitó, en cambio, de otras acciones e intervenciones.
Como cada pecado trae su penitencia, es inútil llorar por la pérdida de ciertas virtudes si es que uno ha decidido abstenerse del celibato. Es decir: en el famoso "modelo" - parte dibujo previo y parte fruto de los avatares - se detallan, en letra chica - concedido - las contraindicaciones.
La producción de cereales y oleaginosas, aceites, carnes y demás productos del sector primario, junto a hidrocarburos y minerales representa un poco más del 50 % de nuestras exportaciones. Todas estas actividades, capital intensivas, no se resienten demasiado de la diferencia entre la evolución de los precios internos y la cotización del dólar.
Las exportaciones industriales, por el contrario, sufren la devaluación de Obama, mientras se persignan y le prenden velas a la política monetaria brasileña.
Siendo Brasil el principal destino de nuestras exportaciones industriales mejora la performance expresada en el tipo de cambio multilateral, su reverso es que cada vez cuesta más exportar a otros destinos, o - la otra cara de la moneda - es cada vez más barato importar productos industriales y sustituir producción local.
El éxito del modelo, se ve, contiene el germen de su propia debacle.
Ahora bien, dado que la preeminencia, imperio o simple soledad de la economía a la hora de digitar nuestras pobres existencias es una religión que profesan los liberales (y algunos marxistas sui generis) aquellos que comulgamos en el altar de la política deberíamos poder atrevernos a pensar en alternativas que emparchen, remienden, renueven, relancen o – más sencillamente – propongan continuidades virtuosas y rupturas con los vicios.
¿Qué propuestas podrían llenar estos requisitos?
Parafraseando al general, diríamos: "Los hay combativos, los hay contemplativos, ortodoxos o heterodoxos, pero devaluadores somos todos". Con lo que estamos como al principio, como después de visitar al Oráculo: la respuesta la tiene que dar cada uno según su leal saber y entender. Según sus principios ideológicos in-negociables o sus alianzas de clase pasajeras.

La dinámica social, después, derivará hacia nuevas pantallas y desafíos a superar.
udi, mediados de 2011





martes, 2 de julio de 2013

Libros quemados, enterrados, perdidos...

En 1976, en medio de la hecatombe y la paranoia generalizada (justificada, por supuesto) decido - con lagrimones en los ojos - deshacerme de algunos textos por el expeditivo procedimiento de arrojarlos dentro de un tacho de 200 lts., rociarlos con gasoil (he aquí el error, por desconocimiento de las propiedades de dicho combustible) y prender un fósforo en la proximidad del papel. Naturalmente (pero esto lo supe después) el fósforo se apagó como la vida de una mariposa nocturna, es decir, en un suspiro, dejándome con la tarea inconclusa y la duda en mi ánimo.
Luego de reflexionar unos instantes decidí que debía interpretar el hecho como un mensaje, de dónde o de quién no lo supe con certeza, pero siempre tuve leves tendencias a la superstición...
En fin, que decidí enterrar el mazacote maloliente en que se habían convertido esos libros y revistas, dentro de los cuales, y bastante seco, por cierto, se encontraba el libro de marras.
Pasando a la acción con la velocidad que me caracteriza me dirigí raudo con mi bolsa y su peligroso contenido hacia las vías del ferrocarril cercanas a mi casa. Lo que prueba, por si hiciera falta, mi total inconciencia.
Conclusión: hago un pozo poco profundo, meto el subversivo material dentro y le echo un poco de tierra encima; hecho lo cual me dirijo a una secretísima reunión con otros adolescentes ávidos de emociones fuertes y los impongo de mis aventuras.
Allí quedó mi primer ejemplar de "Para leer al Pato Donald"...
Luego los años pasaron, terribles, malvados.
Recorriendo una callecita de París en diciembre del '78, mientras los genocidas de ambos lados de la cordillera jugaban a ver quién la tenía más larga, me detengo frente al escaparate de una librería de usados. Al cabo de algunos minutos (admirad mi velocidad mental) caigo en la cuenta que los títulos de los libros están en castellano. No sólo eso, sino que el negocio luce por nombre "El Quijote". Con estos datos deduje que se especializaría en literatura española y latinoamericana, perspicaz percepción que me fue confirmada por el propietario del establecimiento, un catalán de boina azul, barba de tres días y colilla de cigarro permanente entre sus labios.
Para no extenderme demasiado y apenar al desprevenido lector diré que en un anaquel, entre "La Celestina" y un desvencijado "Adán Buenosayres" encontré un ejemplar en perfecto estado de "Para leer...".
Imaginad, ¡Oh, amigos! cuál habrá sido la emoción que me embargó. Apelé a mis mejores argumentos para lograr que el librero - reliquia de la guerra civil anclado en París - atendiera mis súplicas en lo referente al precio. Se ve que el hombre estaba cansado del aluvión sudamericano y sus historias casi todas parecidas y se mantuvo en sus trece, es decir, en sus ochenta francos y ni uno menos. Con gran dolor para mi peculio desembolsé la cifra, escandalosa para la época, y me refugié en el Metró para releer esas páginas tan lúcidas y disparadoras de reflexiones.
Unos años después - fines del '82 - y ante la perspectiva de volver a la Argentina - debí preparar mi equipaje: un poco de ropa, fotos, discos (¡Long-Plays!), libros, mujer y dos hijos. La situación del país con la dictadura en retroceso, pero aún no derrotada (¿Lo fue?) no garantizaba pasar con tranquilidad el tamiz ideológico para la entrada de literatura que no fuese del gusto del régimen. Así, que muy a mi pesar, debí dejar en manos de amigos parte de los libros acumulados en esos años. Adivinaron: la obra de Dorfman y Matellart no hubiese pasado la aduana de las ideas, y fue a parar a poder de un amigo de quién me distanciaba una oscura historia de celos, pero que era una de las pocas anclas a mi pasado, (a partir de ese momento ex-amigo).
Como esta es la historia de mi relación con un libro en particular les ahorraré detalles, sufridos lectores, de los pormenores de mi crecimiento personal, la crianza de los hijos, las incontables mujeres que pasaron por mi vida y los festejos por los campeonatos de Rosario Central. A fines de 1988, en un kiosco de la Avenida Pellegrini, adonde iba a comprar el diario, advierto un cajón de manzanas con libros usados. La costumbre, el vicio, la compulsión, llamadle como queráis, hizo que me pusiera a revolver entre viejos "Corín Tellado" y volúmenes de Emecé al estilo de "Aeropuerto". Cuál no sería mi sorpresa cuando, ya casi en el fondo del cajón, aparece "Para leer al Pato Donald", pero no cualquier "Para leer al Pato Donald", sino "mi" "Para leer al Pato Donald". Ese mismo que con mis propias y criminales manos había enterrado furtiva y nocturnamente. Las mismas manchas, el mismo raspón de la primera página, los mismos (pocos) subrayados, y - para despejar cualquier duda - la misma dedicatoria en el reverso de la tapa con los versos iniciales de "Corazón Coraza":
"Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes"
Por un resto de pudor ocultaré, dignísimo lector, el acceso de llanto que me sobrevino al recuperar una parte de mi pasado, manchada, sin duda. Pero ¿Quién puede presumir de un pasado impoluto?
Huelga decir que pagué los pocos y devaluados australes de la época para rescatar esa pieza central de mi formación humanística. Desde entonces mi querido "Para leer al Pato Donald" ocupó su merecido lugar en el medio de mi modesta biblioteca, en la buena compañía, a la derecha, de "Apocalípticos e Integrados" y, a su izquierda, de "La Interpretación de los sueños", obra cabalística si las hay.
Pero la vida, como dijera Sartre, te da sorpresas, amabilísimo lector. Y he aquí que a mediados de los años noventa recibo el llamado de aquel ex-amigo que me comunica su llegada al país y su deseo, bastante incomprensible, de reunirse con este servidor. Dado que en casi quince años no hubo entre nosotros comunicación alguna (era pre - e-mail) por aquel rencor alojado sólo en mi corazón, me sorprendí y no supe bien que aguardar de la cita concertada en el llamado.
Debo reconocer que los caminos del señor son inescrutables, y el alma de los hombres una caja de sorpresas. M emocioné muchísimo a la hora del reencuentro, mi abrazo fue sincero, y reconocí que había podido matar dentro mío al gusano del odio sin sentido y casi pueril.
No seáis muy severos conmigo, queridísimos lectores, ya que nadie sabe cuando le tocará estar en una situación parecida.
Casi al final de la emotiva y agradable velada dijo mi viejo (nuevo) amigo:
- ¡Ah! ¿Sabés qué te traje?
Pues sí, era - lo habréis intuido - mi segundo ejemplar de "Para leer al Pato Donald".
Así fue como recobré otra parte de mi pasado, y a un amigo.
Este ejemplar descansa sobre mi escritorio, junto a la foto de ya sabéis quién...

martes, 28 de mayo de 2013

Los 36 Justos

A Bene, in memoriam

Cuenta una leyenda judía que en cada generación hay 36 hombres que sostienen al mundo. Naturalmente no hay que interpretar esto en el sentido literal, al estilo del mito helénico del gigante Atlas, a quién Hércules relevó un rato de su carga.
Estos hombres - la religión judía es profundamente machista - no hay que buscarlos entre los exaltados por su tiempo: jefes de estado, premios Nobel o artistas destacados. Estos hombres sostienen al mundo día a día, con sus acciones cotidianas, empapadas de justicia.
Dice la wiki: "Los Tzadikim Nistarim, popularmente conocidos como «los treintaiséis justos» [...] son quienes poseerían un tipo de santidad especial, mayor que la de sus pares «públicos», y que no es aparente, en algunos casos incluso para ellos mismos. En otras ocasiones el Tzadik Nistar guarda celosamente sus actos de bondad de la vista pública, llegando a aparentar que es una persona ordinaria, o incluso malvada."

Tengo para mi que hay una verdad esencial en la leyenda, más allá de sus aspectos contingentes. ¿Quién podría asegurar que los justos son 36, o 36 millones? Sobre una población mundial de más de 6 mil millones, no sería una proporción descabellada.
Esta verdad profunda estaría relacionada no tanto con los aspectos destacables de la justicia o la equidad, no directamente con la santidad o la bondad omnipresentes.

Creo - quiero creer - que el mundo es sostenido por unos cuantos justos, que son tipos comunes, no exentos de alguna agachada de lomo, son humanos.
Me gusta pensar que esos tipos son decentes, que saben que algo está bien o mal sin recurrir a complicadas elaboraciones deontológicas. Que se equivocan, y reconocen su error.
Tipos comunes, que viven de su trabajo, llegan galgueando a fin de mes y aún así no dejan de dar una mano cuando pueden.
Estos justos han tenido sus tentaciones, y ocasionalmente sucumbieron, pero se levantaron. Estos justos han sabido perdonar, quizás porque desearon mucho ser perdonados.
Tipos, en fin, que se levantan todos los putos días a laburar, no tanto porque les guste, sino porque asumen sus obligaciones.

Quiero creer que esos son los justos que sostienen al mundo. Y este es mi recuerdo para uno de ellos, que se me fue el domingo, calladamente no dió más.
Un tipo que me dejó la mejor herencia que pueda uno imaginar: un ejemplo a seguir.

Creo - estoy seguro, bah - que mi viejo fue uno de esos justos. 


lunes, 20 de mayo de 2013

"...ni el polvo de sus huesos la América tendrá."


El 24 de marzo de 1976 una banda de asesinos se apropió del país, para defender la aplicación de un plan económico cuyo único objetivo era rebajar los salarios para permitir recomponer la tasa de ganancia del capital. Y el difunto fue - por sus insulsas cualidades - el elegido para dirigir el plan.
 
Leemos acá:

"Carteles con los nombres de desaparecidos durante la última dictadura en Argentina fueron colgados este lunes en los alrededores del cementerio de la ciudad de Mercedes, donde podrían ser enterrados los restos del exdictador Jorge Rafael Videla, fallecido el pasado viernes a los 87 años.
Carteles de desaparecidos en posible cementerio para Videla
Fuentes oficiales confirmaron a Efe que los carteles, veintidós en total, fueron colocados allí por la Secretaría de Derechos Humanos del Gobierno de Mercedes, ciudad natal de Videla, ubicada a 100 kilómetros al oeste de Buenos Aires.

Los carteles forman parte de una muestra itinerante realizada el año pasado, con los nombres de los desaparecidos en la ciudad y una breve reseña sobre su vida, su familia y su posterior desaparición.

Este fin de semana, la prensa local, sin mencionar fuente alguna, ha especulado con la posibilidad de que los restos de Videla sean sepultados en el cementerio de Mercedes, pero la familia del exdictador no se ha pronunciado sobre dónde ni cuándo enterrará el cuerpo.

En la mañana de hoy los carteles fueron fijados en los alrededores del cementerio de Mercedes, principalmente cerca del área donde la familia Videla posee bóvedas.

"Queremos que sean aquellos que lo sufrieron, que sean los desaparecidos de Mercedes quienes reciban a Videla y, ya después, ellos se encontrarán en algún lugar", señaló Manos.

Fuente y foto: EFE.
 
 
 
 

Volvimos...como predijo el quía.

Acá: el papá de Miguelito Russo


viernes, 10 de mayo de 2013

La verdadera dificultad de la escritura


"A nadie le puede agradar estar escribiendo y temblando ante la posibilidad de que algo nos revele que somos verdaderamente inaceptables como escritores, que somos insolventes. Es un miedo muy común del medio artístico en general. No tanto a cometer un error, sino a que ese error sea de una naturaleza tal que nos revele a nosotros y al mundo que, en realidad, no somos las personas que creemos ser. No es a la equivocación a lo que uno le teme, sino a la revelación que te indique que sos un imbécil."

Alejandro Dolina, acá.

No estaría de más reconocer que hay gente sin temor, eso si. 

miércoles, 17 de abril de 2013

Clarín te da la respuesta...y abajo la pregunta

El Gran Diario Argentino nos tiene acostumbrados a estas cosas. En insuperable muestra de un sentido del humor militante.
Pasen y vean:
1)

El consumo de carne creció 7% en el primer trimestre del año

Cada argentino come 59,7 kilos de carne por año. En baja desde 2010, el consumo se recupera por el aumento en la oferta y los desincentivos a la exportación.




 
Y, un poquito más abajo:
2)

Crean un programa contra la tristeza bovina

Uno se pregunta, de puro ingenuo:

¿No será que la tristeza es de los criadores de bovinos?
En fin, perlas que no regala - a los lectores atentos, ojo - un periodismo que día a día hace las delicias de semiólogos aficionados y profesionales.

 



jueves, 4 de abril de 2013

El halago de Mujica



- ¿Y qué te parece lo que dijo el Pepe Mujica? - preguntó el chaqueño, tomándose una ginebrita.
El polígrafo del Barrio La República se acomodó en la silla, atusándose el bigote, como cada vez que quería indicar que iba a emitir una opinión trascendental.


- Es notable - dijo - , yo tendería a pensar que la expresión del "Pepe" es más bien un encomio. Creo que Cristina se debe haber sentido halagada. Mire, si yo estuviese a cargo de negociar algo de interés para mi patria - por pequeño que fuera - me sentiría inmensamente feliz que me recuerden por la dureza y terquedad con que lo hice. Creo que hasta debería, Cristina, sentirse orgullosa. Dice Perón en alguna parte que le dijo a Braden que "prefería ser odiado en EEUU antes que recordado como un hijo de puta en su patria." No sé si esto fue asi o no (el general nunca permitía que la verdad le arruinara una anécdota chispeante), pero la "boutade" de Mujica reafirma que - con aciertos y errores - tenemos un gobierno y una presidenta que pelea "tercamente" defendiendo lo que cree justo y no afloja. 

El  polígrafo - se sabe - nunca se destacó por su corrección política...

lunes, 1 de abril de 2013

Francisco: "pastores con olor a oveja"

¿Algo así?





¿O así?

Sea así, o asá, sería un notable avance que la Iglesia Católica Apostólica Romana pregonara la conveniencia de elecciones sexuales menos dañinas para el resto de la humanidad que aquellas por las que actualmente se ven enjuiciados algunos de sus pastores...


viernes, 8 de marzo de 2013

La mujer que yo quiero


La mujer que yo quiero se juega entera,
día a día; noche a noche, así se entrega.
De vientos fuertes está hecha.
De lunas suaves, de río fresco.
Como campana de escuela es su risa:
alegre y argentina, dos veces argentina.
Hecha de mañanas frescas,
y de siestas.
De vino rojo es su abrazo,
que me embriaga y eleva.
Garra y coraje, pasión y locura.
Boca tempestuosa,
lengua atrevida.
La mujer que yo quiero ama sin vueltas.
Me envuelve en sus besos,
me demuele, me derrite.
Entre sus sábanas me fundo,
me excito, me derramo, me enervo,
me disuelvo, me yergo, me muero
y resucito.

udi
rosario, agosto de 2010

jueves, 27 de diciembre de 2012

¡Maldito sea el Chueco García!

El "Chueco" García, "El poeta de la zurda"

Inevitablemente, cada vez que mis hijos me preguntaban (ya no lo hacen) "Papá, vos como jugabas de chico", recordaba  la anécdota.
Tendría once, o doce años, y la lectura de cualquier literatura sobre fútbol constituía el alfa y omega de mi vagabunda existencia. Pasaba por la peluquería de la vuelta de casa los miércoles, cuando ya el tano Peluso había leído "El Gráfico" y me sentaba en el umbral, respetando escrupulosamente el pacto con el Tano: si entraba un cliente, dejaba la revista en la mesita dónde se amontonaban los números viejos, arriba de todo. Si el cliente - rara avis - prefería la revista "Así", me acercaba, en silencio y haciéndome el distraido, y como quién no quiere la cosa, y con aire de aburrimiento, agarraba de nuevo el ejemplar más reciente.
Esos casos eran los menos frecuentes, y las tardes, entonces, se pasaban entre ávidas (y rápidas) lecturas al número de la semana, y - mucho más seguido - relecturas de viejas ediciones, a la búsqueda de algún dato no suficientemente analizado y digerido.
Todos los días, nunca le pregunté a mi viejo porqué, llegaba a casa "La Razón", pero la del día anterior. Me explico: al salir en Buenos Aires por la tarde llegaba a Rosario al otro día. Volvía de la escuela, y mientras mi vieja tiraba un bife sobre la plancha - cúspide de sus habilidades culinarias - me devoraba los "Dialoguitos en el asfalto", compendio de chismes recolectados en la puerta de la AFA.
En alguna sección de "Recuerdos" o algo asi, leí una anécdota que me encantó: El "Chueco" García, a quién nunca había visto jugar, pero quién por su estirpe canalla me enorgullecía y cuyas hazañas mi viejo me relataba yendo a la cancha, la había contado, o algún jugador - rival o compañero - la refirió al periodismo.
Parece que en un partido el Chueco había hecho un golazo, de esos en los que se había gambeteado a 3 o 4 rivales. Volviendo hacia el centro del campo, arrastraba los pies, raspando tanto el verde césped como terrones de tierra, que las canchas de aquel tiempo contaban por mitades, casi. Alguien - de su equipo o del contrario - le preguntó qué hacía, a lo que el Chueco respondió - conjeturo que con sorna - "Borro la jugada, para que no la copien".
En ese tiempo me pareció el colmo de la compadreada. Y me prometí hacerlo, cuando lograra convertir un gol que lo mereciera, claro.
Empero, el tiempo transcurría, y mis goles - oportunistas, casi carroñeros - nunca merecían más que el festejo que la importancia del partido les diera. Mi puesto habitual de marcador de punta no contribuía, hay que reconocerlo, y aunque en más de una oportunidad lo había intentado, quebrando líneas rivales por sorpresa, generalmente la culminación de la jugada era con un remate de afuera, con pierna derecha entrando desde la izquierda, ignorando - haciéndome el que no lo había visto - los gritos de nuestro centroforward que me pedía la pelota, marcándome el pase al vacío.
El año - ya dije que no recuerdo cuál exactamente - pasaba, y ya me resignaba a no poder hacer gala, no tanto de mis habilidades técnicas como de mi capacidad para la fanfarronería barata. Claro que en esa época no la llamaba así. Sin embargo, sobre fines de noviembre, o diciembre - vaya uno a saber - quiso el fixture del intercolegial - presuntuoso nombre para algunos partiditos entre las escuelas del barrio - que nos tocara enfrentar de visitantes a una escuela que estaba sobre la Avenida - digamos "Susvín" - con la que habíamos tenido un partido picante en ocasión de su visita a nuestro reducto. En realidad mi escuela no tenía cancha propia, ni campo de deportes, ni siquiera salón de gimnasia, así que jugábamos nuestros partidos en un descampado próximo al que habíamos dotado de dos arcos - sin travesaño - utilizando para eso unas ramas gruesas, y casi, casi rectas. En aquel encuentro la suerte, y la puntería , nos habían sido esquivas - y eso que todavía no habían entrado las mujeres a nuestras vidas - y el resultado una derrota no muy digna antes del final por suspensión dada nuestra natural propensión a vengar a puñetazos nuestras carencias y errores. Pero, la verdad sea dicha, nos ganaron bien, ese día les salieron todas, y a nosotros - regularmente algo superiores - ni una.
Pero, la superioridad hay que demostrarla en la cancha, no de pico, y - anímicamente dispuestos a hacerlo - planteamos un partido a cara de perro que, ya al inicio del segundo tiempo, ganábamos 3 a 0 con dos goles de nuestro delantero y mejor jugador - José Luis - y un zurdazo terrible de Raúl que venció las manos del arquero. Nos encaminábamos a un triunfo y, casi con seguridad, el campeonato - al que le quedaban dos fechas - no se nos escaparía. Con la tranquilidad del resultado, y el equipo rival jugado a la ofensiva a descontar, a la salida de un ataque que nuestro arquero, la "Chancha" Navarro, había controlado sin dificultades, me encontré con la pelota, mucho campo por delante, un mediocampista saliendo a cruzarme desde mi derecha, y al Negro Medina,  defensor central, retrocediendo hacia su área.
Juro que pasan los años, y sin embargo no puedo evitar estremecerme un poco; cierro los ojos y todo pasa como una película en cámara lenta, y al cabo de todo este tiempo, ya no sé si la jugada fue así, o mis recuerdos se fueron contaminando con otras jugadas. Ya no sé si, relojeando a quién venía al cruce, lo dejé llegar y - con el borde externo del pié derecho - le toqué suave la pelota para que le pasara entre las piernas. Mientras encaraba hacia el área ya casi en posición de "diez" ví - o me lo contó después - a Cachito a mi derecha, y al marcador central vacilando entre marcarlo a él, o salir a voltearme. Esa indecisión lo perdió, cambié el paso, me incliné hacia la izquierda entrando al área, y después de acomodarla suavecito, cuando el arquero salía a atorarme, la toqué hacia el medio, para que Cachito reventara la red, solo frente al arco. Uff, creo que fue más difícil contarlo que hacerlo.
La cuestión, si la hay, es que - después de los abrazos, medidos, ya íbamos 4 a 0 - empiezo a caminar despacito hacia el medio, arrastrando los pies. El Negro Medina, volviendo al trotecito, me increpa:
- ¡Qué hacés, boludo, andá de tu lado!
Y fue ahí, mis estimados, escasos y pacientes lectores  - ¡maldito sea el Chueco García! - cuando le respondí:
- Borro la jugada, para que no la copien.
Ganándome, en el mismo instante, la fama de agrandado y esta nariz de boxeador que me dejó la inolvidable piña del Negro, cobrándome un gol que no hice.
Udi
Tandil, Diciembre de 2012. 

martes, 25 de diciembre de 2012

El único plan opositor


El único plan opositor serio, coherente, que no oculta nada. "tenemos que abandonar el populismo de los 50 o los 70, controles de precios, control de cambios, control de importaciones, controles por la Afip al que dice algo inoportuno, controles y más controles. Gasto público insostenible, que era del 28 % del PIB en 2003 y ahora ha llegado al 45%" Gracias, Ferreres, por tanta claridad. Me confirma lo que sé desde hace 40 años: si La Nación aplaude, cierro el orto. Si reprueba: preparo mis vacaciones.