Bella Ciao, una versión "pulenta pulenta"

miércoles 1 de febrero de 2012

Que Dios nos ayude ( ישמרנו האל)



Gideon Levy es un chabón con huevos. Hay que bancarse vivir dónde vive, y decir lo que dice.
Acá, por ejemplo.
Ahora, lo que sí es un ejercicio de masoquismo es leer los comentarios a sus notas. Reite de La Nación...así que vale la pena leerlo. Dale, tomate un rato. Acá te resumo alguito.

"Israel no es lo que usted pensaba, no lo que el mundo pensaba, no lo que imaginan los israelíes de sí mismos. La sociedad israelí no es laica, no es liberal y tampoco es ilustrada.
Dios existe. El ochenta por ciento de los judíos israelíes no puede estar equivocado. Y es precisamente por esa razón que tenemos que decir que Dios nos proteja de los resultados de la encuesta realizada por el Instituto Guttman del Centro de Israel para la Democracia y la Fundación Avi Chai y que publicó este periódico. Si bien es concebible la posibilidad de hacer frente a esta creencia que quema -la mayoría de la población cree en la divinidad-, ¿qué hacemos con el "Dios nos eligió? El setenta por ciento de los encuestados dijo que también creía que los judíos son el pueblo elegido y este temible parámetro crece de forma alarmante.
[...]
La encuesta demuestra que todos somos "jóvenes de buena cuna", y que la mayoría de nosotros somos sicarios. Las expresiones de racismo hacia los árabes y extranjeros, la actitud arrogante de Israel hacia la opinión pública internacional, todo puede explicarse también por la creencia ignorante y primitiva de la mayoría de los israelíes (70%) de que tenemos permiso para hacerlo porque ÉL nos eligió. Incluso el carácter religioso del Estado, que es mucho menos secular de lo que tendemos a pensar, no hay autobuses o vuelos de El Al en Shabat, no existe el matrimonio civil, no hay hoteles que no tengan cocina ritual, una mezuzá en la jamba de la puerta de casi todos los hogares y un número cada vez más creciente de personas que la besan cuando entran o salen, y todo esto se puede explicar con los datos de la encuesta.
Tal vez era inevitable. Un Estado que surgió en un determinado territorio y conquista otro territorio y ha permanecido allí casi para siempre, todo sobre la base de historias de la Biblia. Una población que nunca decidió si se trataba de una nación o una religión y un Estado que pretende ser un "Estado judío ", aunque nadie tiene idea de lo que eso significa. Todo esto no puede existir sin un fundamento que es el de un pueblo elegido que cree en su Dios. Esto es Israel en 2012. Dios tenga misericordia de nosotros."

martes 24 de enero de 2012

De Moreno a Moreno, 200 años de historia argenta.

200 Años de Historia Argentina, mírela por dónde la mire. Vida, muerte, prosperidad o desolación en este país se dirimieron por la llave de este edificio. Algunos lo dejaron cerrado y sin uso así hayan llegado por las lanzas, las bayonetas o los votos. Otros lo usaron, con aciertos y errores.
¡Salute a los polémicos que se lo tomaron en serio!

viernes 30 de diciembre de 2011

La Nación lo hizo de nuevo




Pasen y vean:

"China anunció un ambicioso programa espacial"

"Planea enviar un chino a la Luna en los próximos cinco años, entre muchos otros proyectos."
A continuación, futuros titulares de LN, adivine usted cuál es el más probable:
  1. Israel anunció una ambicioso programa espacial. Planea enviar un judío a la Luna
  2. Bolivia  anunció una ambicioso programa espacial. Planea enviar un bolita a la Luna
  3. Nigeria  anunció una ambicioso programa espacial. Planea enviar un negro a la Luna
  4. España  anunció una ambicioso programa espacial. Planea enviar un gayego a la Luna
  5. EEUU  anunció una ambicioso programa espacial. Planea enviar un hombre a la Luna
Probablemente en la redacción de LN sostuvieron encarnizadas discusiones, dado que es un terreno de lucha de ideas, hasta determinar el vocablo a usar según su manual de estilo.
Habrá que ver, después, las columnas de opinión de JMS, LM, o la inefable Betty. En LN, se sabe, tienen cabida todas las voces, y de ese modo los receptores del mensaje pueden formarse libremente su propia opinión.

¡Cuánta razón tenía Humpty Dumpty!

Lo importante no es saber el significado de las palabras, sino saber quién manda.


Feliz Año Nuevo !

martes 27 de diciembre de 2011

Veto a la Ley antiterrorismo ¡YA!

Desde este blog, conscientes de nuestra responsabilidad republicana, bla, bla,bla. Y fuera de joda, rompemos una lanza más, por corta y blanda que sea, por las causas en las que creemos:
Veto a la infame Ley Antiterrorismo ¡YA!
Sin vueltas ni dilaciones.

lunes 19 de diciembre de 2011

La revolución en ojotas o Una mirada de hace 10 años


EL REINO DEL REVÉS

18 de febrero del 2002
La revolución en ojotas
[Nota La Haine: ojotas = chanclas]
La tarde del 19 [de diciembre] transcurría entre TN, Crónica [medios de prensa] y mucho mate. Los llamados telefónicos cruzados daban cuenta de la inquietud que nos embargaba a todos.
- ¿Estás viendo la tele? - Nos preguntábamos, ya no tan incrédulos como tristes. Creo que la mejor síntesis es esa: tristeza. Un poco de amargura, impotencia, bronca. Pero, básicamente, tristeza. ¿Por qué en este bendito país otra vez el dolor de la miseria? Encarnada presencia que tan sólo un día antes olvidábamos, acorralados, esperando unas fiestas que- ya sabíamos - serían las más tristes en años, décadas.
Era imperioso reunirse con alguien para compartir el dolor, sostenerse mutuamente. ¿Y ahora? ¿Qué hacer? Las imágenes nos remitían a 12 años atrás. El calor y las vestimentas a zonas tropicales imprecisas. ¿Por qué será que los pueblos hacen tronar el escarmiento en jornadas tórridas? ¿Es el calor que enerva los cuerpos, excita los sentidos?
Mi sociólogo de cabecera opina que el valor simbólico de la sidra en la mesa navideña es muy fuerte como para soportar su ausencia. Las primeras expresiones de comprensión por parte de los cronistas comienzan a ser matizadas. La sustracción de televisores o lavarropas no tiene nunca buena prensa.
Mi sociólogo me recuerda aquel dicho, tan común hasta no hace tanto tiempo, que deploraba las deficientes decisiones financieras de los pobres que los llevaban a levantar antenas de televisión sobre las chapas de sus precarios hábitats. ¿Cuándo dejarían de ser pobres si persistían en escanciar innumerables botellas de tinto para regar pantagruélicos asados? Aunque hoy en día sería lícito discrepar con la actualidad de semejante afirmación.
Las transmisiones televisivas van desde la urgencia en vivo hasta la revisión de acontecimientos de media o varias horas atrás. La referencia espacial es un dato menor: todas las caras son parecidas. Rostros criollos que la Argentina blanca sólo registra en las esquinas, limpiando parabrisas; en las crónicas policiales del conurbano; o en documentales de domingos invernales, con mirada antropológica, antes del fútbol.
Miradas huidizas ante las cámaras, semisonrrisas de complicidad, la excitación doble del desafío al orden y del anticipado disfrute del desquite ante tanta privación, tanto toqueteo a la glándula del consumo sin obtener satisfacción.
Marcas de época: las encías desvestidas delatan cualquier identidad que alguna ropa con marca trucha pueda confundir. Cunden las camisetas: Boca, River y muchas otras menos reconocibles fuera del barrio o partido; asoman así las identidades profundas, las verdaderamente irrenunciables, las que no se niegan ni bajo tortura: la piel y la pasión por la divisa amada. No hay religión que compita con ese amor, ni sentimiento que movilice más.
Suena el teléfono: es la secretaria de mi analista que me recuerda que el licenciado tomará sus vacaciones en febrero, como siempre, y que si necesito alguna consulta de urgencia la concierte llamándola con 24 horas de anticipación, como siempre. De paso alude a las seis sesiones que debo, y que no, no aceptamos pagos en tarjeta o cheque, como están las cosas hoy en día sólo en efectivo. Fin de la conversación, me pregunto si esta terapia será la más apropiada para los tiempos que corren, como no encuentro la respuesta abandono la cuestión.
Los amigos hacen el aguante: juntos se soportan mejor esas miradas mudas, ese morderse el labio inferior moviendo la cabeza de este a oeste.
- ¡Calentá el agua, ché! Hay que romper el silencio y comenzar a verbalizar el desconcierto. Las primeras aproximaciones rondan las teorías conspirativas: Que los "perucas", que alguna ultraizquierda trasnochada.
Lentamente una certeza nos invade: sólo pulsiones muy fuertes mueven a las personas a transgredir leyes, códigos, costumbres y mandamientos. El hambre se corporiza, y su visión también nos denigra, sólo un poco, es cierto, comparado con quién lo siente. Un bochorno muy evidente nos asalta ante la vista de alimentos pisoteados, repartos que recuerdan a los viejos jardines zoológicos. Ya ni a los animales se les entrega el alimento así. Todos nos sentimos un poco sucios. ¿Será nuestra también - aunque sea en parte - la culpa? ¿No hicimos lo que sabíamos que era necesario?
La opinión del sociólogo ya no fluye nimbada del aura de respetabilidad académica que le da a las palabras un peso, una redondez, un cierto tono de punto final. Entre mate y mate sus juicios lucen deshilvanados, cae - como todos - en universales interjecciones, tan cargadas de significados, tan conocidas...
- ¡Qué barbaridad, ché!
Muy despacito siento que la acidez estomacal comienza a subir, a bajar. Algo dentro de mí cobra vida, no puede deberse únicamente a la sobredosis de yerba mate. La opresión a la altura del diafragma se parece demasiado al pánico. Y me digo que no, que basta de miedo, que ya no hay nada que perder, sólo - quizás - la pusilanimidad; y que frente a la indignidad hay sólo una respuesta: la indignación, la pura y santa indignación.
Una certeza se va instalando: el día más largo del año se adelantó. La tarde recién comienza y se nota la preñez que carga. Oscuros nubarrones que presagian un fin de época.
Mas llamados telefónicos: - Poné la radio, - ordenan. Ya hay muertos, pobres. Los pobres son muertos. Pobres muertos, muertos pobres. Un muerto es un muerto es un muerto es un muerto. Pobres los pobres.
Un supermercado vacío parece muerto. Un pobre, muerto, ¿Qué parece? Pobres de solemnidad. Certificado de pobreza. Tienen dónde caerse muertos. En zanjas mal trazadas, veredas rotas, calles de tierra y asfaltos calientes. Un pobre Cristo cae muerto del techo de una escuela, pobre. Pobres centuriones matan por pocas monedas.
Avanza la tarde, y los bizcochos se imponen para acompañar al mate. Los comemos con poca hambre y algo de vergüenza.
La tele trae más retratos. Humo y policías. Chicos corriendo, muchos chicos. ¿Por qué será que dónde hay pobres siempre hay muchos chicos?
Un ministro llena la pantalla: el gobierno va a actuar con la ley en la mano. La vida, libertad y patrimonio de los argentinos serán protegidos. No aclara en qué orden de prioridades.
Imágenes del paraíso patronal: empleados armados para defender el capital. Pobres contra pobres. ¿Quién ganará? ¿Cuántos pollos por día puede comer uno? ¿Cuántos días sin pollo puede aguantar uno? Dicen los números que en el país se comen tantos pollos por persona por año. Sin duda alguien está comiendo de más, por que en la tele aparecen personas que no parecen haber comido ninguno en muchísimo tiempo.
Mi amigo el sociólogo propone darse una vuelta por el mercadito del barrio, quizás necesite de nuestra ayuda frente a posibles ataques.
Hay transmisión en directo de la ciudad y del país, entiéndase, de la capital y su conurbano.
La ciudad está paralizada. Nadie circula, y ya comienzan a operar - caramba, qué temprano - las usinas de rumores. En tal barrio tal cosa, y en tal otro, tal otra. Vienen de allá para acá, y van de acá para ¿dónde?
La aparición en la caja boba de esquinas conocidas siempre tiene algo fascinante. Un supermercado saca botellas de aceite a la calle.
- Para prevenir el saqueo lo va a regalar a los pobres, - supone mi amigo el sociólogo -, ese tipo comprende que hay que perder algo para sostener el sistema. Es más, - me apostrofa - es un burgués lúcido.
Algo de repente no encaja: los empleados comienzan a derramar el aceite en la vereda.
- Es para evitar el saqueo - aleccionan al periodista que interroga algo morbosamente. Uno imagina el improbable espectáculo de pobres patinando en aceite, pero es muy fuerte.
A lo lejos gente corre, policías gritan. En la puerta de su casa el vecino, de rigurosa camiseta musculosa, opina que no hay que escatimar palos, y que el hambre no ha de ser tanta, ya que acaba de observar, fíjese Usted que oportuno, como un chiquilín rechazaba unas facturas de ayer que le habían sobrado - estaban buenas, no crea - para ir detrás de la góndola de los dulces en el supermercado que saquearon en la otra cuadra. A este paso van a querer comer asado todas las noches, o brindar con pan dulce italiano para las fiestas.
Los amigos se van, quizás un tanto resentidos por mis evasivas ante alusiones a poner algo más sustantivo que bizcochos sobre la mesa.
En directo desde casa de gobierno los cronistas informan que los uniformes blancos que pululan por el salón blanco fueron invitados y no han venido, como algunos alarmistas difundieron, para proclamar algo. La preocupación presidencial por los acontecimientos se refleja en el gesto adusto con que reparte condecoraciones. Ningún hecho anecdótico que se produzca en lugares tan poco relevantes como Moreno o La Tablada podrá interrumpir fastos previstos tiempo antes, y que tanta importancia tienen para consolidar las relaciones entre el ejecutivo y las fuerzas armadas. Fin del comunicado. Las emisoras participantes continúan con la difusión de sus respectivos programas.
Los canales de aire, luego de febriles negociaciones con sus principales patrocinantes - ¿Patrones? - Comienzan programaciones especiales. Por ahora es tiempo de crónicas, recién mas tarde, cuando la gente pensante retorne a sus hogares (o se acueste la que sale a trabajar - o buscar trabajo - a las seis de la mañana), a esas horas, digo, vendrán los sesudos analistas que masticarán, regurgitarán y vomitarán las explicaciones, y recomendaciones, que la situación impone.
Como todos los días espero el horario de tarifa telefónica reducida para abrir mi e-mail. Mensajes de amigos por el mundo: ¿Qué pasa?
Respuesta única para todos: ¿Cómo saberlo? Por las dudas pido socorro, aunque sea condolencias, por lo menos un poquito de solidaridad. Pero ese es un bien escaso, aún electrónicamente.
La tristeza invade la cena, y hace falta más soda que la de costumbre para tragar los bocados. Las informaciones sobre el ansiado mensaje presidencial son contradictorias: que ahora, que después, que el hijo, que la madre. Los rostros ministeriales evaden precisiones.
La incertidumbre planea sobre los argentinos. Sordos ruidos oír se dejan: acero contra acero, pero nada de corceles o jinetes. De rigurosa infantería la gente sale a las calles.
Por lo pronto allí se quedan, como quién sale a la luz después de un largo encierro. Los ojos se acostumbran despacio a la presencia del otro. ¿También él siente lo que siento yo? Ese tipo en bermudas y esa mujer con ruleros: ¿Son mis semejantes?
La televisión muestra gente parada en las esquinas. ¿Qué tienen esas señoras con aspecto de venerables matronas en sus manos? Las noticias confirman la gravedad de los sucesos: se ha suspendido el fútbol. Sólo un cataclismo es comparable a esto. Ahora es oficial. Caras de sorpresa en la mesa familiar. La aparición del escudo nacional en la pantalla debería traer mesura y tranquilidad, pero no, casualmente no.
Mensaje presidencial. ¡Casi nada! Veamos. Vagas palabras plagan la vana parla.
Un sonido se filtra hasta las capas mas profundas de la conciencia. No, no es eso. Digo: no puede ser. Fin del mensaje. Periodistas de saco y corbata, y otros solamente con saco confirman lo oído pero no asumido. Tres palabras que erizan la piel de la nuca, y ahora sí, la santa indignación que vuelve, se instala cómodamente en el cuerpo, se adapta a cada rincón y reproduce curvas, huecos y protuberancias: somos toda santa indignación, y así como la humillación se traga la indignación se expulsa. Hay que sacarlo todo afuera.
- Vamos - digo, y todos en casa saben adónde. Elementos para hacer ruido; si la voz no se escucha será la hora de los instrumentos, pues. Pitos y cacerolas, algunas no muy limpias - mejor - quizás tengan más contundencia. Tres palabras siguen resonando en la conciencia de cada uno de esos que, al paso por las esquinas, se van sumando.
- ¡Vamos, doctor, vamos!
- ¡Vamos, doña Rosa, vamos!
- ¡Dale Pepe, vamos!
Los chicos van en la punta; y está bien que así sea. Para ellos las tres palabras no cargan tanto recuerdo. Son puros, y su alegría contagia: hay que hacerlo con alegría, la indignación camina, pero la alegría marcha. Y marchamos, sin saber bien qué queremos, pero convencidos de lo que no queremos. Tres palabras lo resumen.
Autos con banderas no lo quieren. Hermosas veinteañeras con caras camisetas de la selección no lo quieren. Adolescentes ricoteros de los barrios no lo quieren. Comerciantes pequeños y empequeñecidos no lo quieren. Sociólogos de prolija barba no lo quieren. Psicólogas sin trabajo no lo quieren. Desocupados desesperanzados no lo quieren. Los policías que cobran magros bonos: ¿Lo querrán?
Pura y santa indignación por lo que han hecho de este país que - sí, aun que sea cursi decirlo - amamos. Cada uno como puede, y otros como lo dejen.
Acorralados, eternos deudores, los argentinos saben lo que no quieren: tres palabras lo resumen.
Todo el mundo en pantalón corto, zapatillas y ojotas. ¡Cómo! ¿Este no era hasta hace poco un país de estreñidos?
- Ya ganamos algo - digo, perdimos la pacatería.
De los aerosoles brotan las respuestas: ¡No! A las tres ominosas palabras. Marchamos, y somos muchos. Y somos semejantes. Ese señor de elegantes bermudas y camisa de marca: ¿Será mi prójimo? ¿O será el borrachito que duerme en la galería céntrica? ¿Será ese viejo militante que no puede ocultar el brillo en su mirada?
A todos nos ganan antiguos fulgores. No sabemos qué queremos, pero sí - y muy bien - lo que no queremos: tres palabras ya lo dicen.
¡Al estado de sitio, se lo meten en el culo!

martes 13 de diciembre de 2011

Un pobre y gris reformismo


Uno será un pobre tipo, de aspiraciones limitadas.
Un "quebrado", dirán, de vuelo bajo.
Las convicciones revolucionarias marchitas, quizás chicanearán.
Un conformista, casi despreciable, lo execrarán.
Sin embargo uno sospecha que un sólo chico alimentado y en la escuela, vale por mil hipotéticas y futuras revoluciones.
¿Qué quiere que le diga, vió? Uno es así de contradictorio y chato, que prefiere un pobre y gris reformismo en mano, a riquísimas y coloridas revoluciones volando.
Udi

Pasen y vean, si no:

La Evaluación que se detalla en la nota central sorprende, de entrada, por su magnitud. No es una muestra estadística, ceñida a un número acotado de alumnos: es una Prueba Censal que abarca a todos. Una medición que sólo puede (y debe, más vale) realizar el Estado: 277.959 estudiantes, de 7308 escuelas, de las 24 jurisdicciones. [...]
Los desempeños de los alumnos de educación secundaria han mejorado bastante entre 2007 y 2010, medidos en una evaluación que cumple los standards internacionales más validados. Si se permite extrapolar una expresión, el avance no ha sido revolucionario, sino reformista. Los mayores desplazamientos se han dado del rendimiento bajo al medio. Las transiciones positivas no han sido idénticas, [...]
***
La caída abrupta, el ascenso progresivo: La decadencia del sistema educativo tuvo un punto de inflexión cuando el menemismo, en una de sus medidas más irresponsables, descentralizó las funciones educativas, sociales y de salud, sin la contrapartida de remesar recursos nacionales para que las provincias pudieran bancar tamaña carga adicional. El efecto fue una acentuación de las desigualdades. La crisis económica que se ahondó desde fines de los ’90 y tocó fondo durante el gobierno de la Alianza, acentuó el desquicio. Escuelas devenidas cuasi guarderías o comedores, docentes que hacían huelgas sólo para reclamar que se les pagaran sus salarios de hambre. Muchos maestros engrosaron el contingente de “nuevos pobres”, una novedad sociológica.
Los gobiernos kirchneristas se comprometieron a revertir la declinación, un objetivo irrenunciable que, si se hace bien, insumirá años o décadas. La vastedad del sistema educativo, el pluralismo cultural y federal de la sociedad, las desigualdades potencian las dificultades. Cuando se arranca del subsuelo, es (en términos relativos, se subraya) más accesible producir cambios drásticos. [...]
Tras varios años de crecimiento sostenido y redistribución de la riqueza, las desigualdades han menguado pero no desaparecido. Más aún, se han complejizado. Abarcan asimetrías al interior de la clase trabajadora, como acaso no se vieron jamás en la Argentina. Superarlas es un brete. [...]
La estadística corrobora percepciones de sentido común. Los chicos cuyas madres fueron a la escuela llegan con más competencias que los provenientes de otros hogares. En promedio, cualquiera que se críe en un hogar donde hay bibliotecas provistas y hábitos de lectura tiene mejores perspectivas de “agarrar los libros”. Los datos censales comprueban que los distritos donde es mayor la mortalidad infantil son los menos prolíficos en buenos rendimientos escolares.

***

Todo tiene que ver con todo: Aumentar el presupuesto educativo a un mínimo del 6 por ciento del PBI es una formidable política de Estado, impulsada por el oficialismo y acompañada por prácticamente todo el arco opositor. Claro que la decisión es más eficaz si el PBI aumenta año tras año y con él la provisión de recursos materiales. El ejemplo busca describir la conexión que hay entre medidas específicas y el contexto económico–social.
Las acciones educativas concretas de los gobiernos kirchneristas, amén del presupuesto, incluyen la provisión de netbooks para todos los alumnos, la inversión en infraestructura escolar, las medidas compensatorias para zonas o escuelas más pobres, las mejoras en el salario docente, paritarias con piso nacional incluidas.
El contexto agrega el aumento del empleo, la mejora de los sueldos (en especial los formales), la Asignación Universal por Hijo (AUH), la recuperación del aparato productivo.
Ese conjunto mixto de lo particular y lo general es el sustrato para reformas y mejoras. Difícil discriminar qué es lo que más incide. El cronista, así más no fuera para remar contra la corriente dominante, puntualiza que la “base material” (la inversión pública) es un eje sustancial. Viene a cuento un ejemplo corroborado en otra área, la de Salud, cuando era ministro Ginés González García. Cuando se cerró el Programa Materno Infantil y Nutrición (Promin) se hizo una evaluación para explicar la importante baja de la mortalidad infantil en esos años. Aisladas todas las variables, la única que había tenido un cambio muy significativo, que podía explicar la evolución del indicador, era la inversión directa (equipamiento, insumos e infraestructura). La caja será crucificada por la Vulgata dominante pero es la condición necesaria pero no suficiente para eficaces políticas públicas. Desde luego, hay que asignar bien los recursos pero si no los hay... fuiste.
Aunque la inversión es imprescindible sus efectos distan de ser mágicos o inmediatos. Es más sencillo disponer los recursos que producir consecuencias de largo aliento, máxime en algo tan denso como el sistema educativo. Los cambios son progresivos, aluvionales, si se persiste se notarán con el tiempo. No es lo mismo un año con una dotación presupuestaria digna, que una década seguida. No es lo mismo una primera batida para mejorar el estado de las escuelas que varias, sostenidas y acumulativas.

***

Realidades y aspiraciones: La Prueba Censal se presentó ayer. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner adelantó alguna de sus conclusiones en su discurso del sábado. La había leído unas horas antes, estaba entusiasmada, con razón. Los resultados son buenos, entre otros motivos, porque son lógica derivación de acciones previas.[...]

Cada necesidad es un derecho, un derecho adquirido engendra nuevas necesidades. El Plan Conectar Igualdad es elogiable, hasta ahora (según información oficial) se han entregado la mitad de las netbooks necesarias. No es ésa la intención pero, de hecho, hay pibes que están rezagados respecto de sus compañeros. Habrá que analizar esas disparidades (y las de incentivos a los docentes, dotación de material escolar e infraestructura) entre otras variables. Quizá expliquen, así sea parcialmente, diferencias entre escuelas o territorios.
Más educandos (tal vez no todos) van a la escuela a estudiar y ya no a comer. Sus rendimientos mejoran, paso a paso, como predicaba el pedagogo Reinaldo Merlo. Cobran fuerza retos exigentes: capacitarlos para el trabajo, para el cambio, para moverse en un mundo global. El círculo empezará a cerrarse cuando salgan formados como para conseguir trabajo digno y proveer a su subsistencia.
La democracia, según un añejo documento de la Cepal-Unesco, debe acortar la brecha entre realidades y aspiraciones. La realidad viene mejorando, aunque queda mucho por hacer. Las aspiraciones, en buena hora, crecen en paralelo. Lo que era un techo impensable apenas ayer, se transforma en un piso decoroso que se debe elevar. El rumbo es el correcto. La meta no se alcanzó, entre otras razones porque se mueve a medida que se avanza.

miércoles 30 de noviembre de 2011

Instituto de Revisionismo Histórico, IRH y ART

Hace unos días, mis estimados y (cada vez más) escasos seguidores, este polígrafo, de nula fama y vulgares temáticas, especuló sobre la composición del gabinete de ministros que acompañarían la segunda presidencia de nuestra actual primera mandataria.
Allí, sin mayores explicaciones, vuestro cronista supuso que esta - digamos - 2da. etapa, tendría algunas marcas reconocibles: "Una equilibrada dosis de izquierda cultural, para sostener el relato (sin comillas) y derecha económica, para aplicar el ajuste (también, sin comillas) necesario."
Poca repercusión tuvieron estas palabras, a fuer de sinceros. Sin embargo, el correr de los días nos deparó alguna que otra novedad, que sin llegar a ser sorpresa para quién esto escribe, indujo perplejidad en muchos otros.
La creación del Instituto de Revisionismo Histórico podría, supone este escriba, inscribirse dentro de un conjunto de medidas tendientes a colmar las expectativas y deseos de quienes se reconocen en tradiciones culturales de la izquierda nacional, por ejemplo.
Años ha vuestro polígrafo desafió la paciencia de muchos doctos profesores del Departamento de Historia de la UNR citando a figuras que hoy suenan reivindicadas por la creación del IRH.
De Pérez Amuchástegui a Jauretche, de Hernández Arregui y su "Formación de la Conciencia Nacional" y sus polémicas con Sábato a Scalabrini Ortiz con su documentada investigación sobre los ferrocarriles. Y hay más, claro. ¿Cómo no dar cuenta de la brillante prosa del colorado Ramos y su saga "Revolución y Contrarevolución en la Argentina"?
Bienvenido pues, el IRH, tanto para rescatar nuestra historia, como para confirmar las previsiones de este humilde cronista.
La segunda parte de la especulación sobre los cargos ministeriales tiene, no lo negaremos, aristas más polémicas. No es de buena educación, nos inculcan, andar citándose a uno mismo todo el tiempo, pero - como ya lo sabrán los tozudos seguidores de esta bitácora - el polígrafo del Barrio La República nunca se ha caracterizado por ser devoto de la corrección política ni le ha esquivado el bulto a la discusión. Es así como en ciertos ámbitos no muy inclinados a la apreciación de matices y paleta de colores puso este escriba su molesta pica, postulando que no todo es igual, y que el interés de los trabajadores y las clases subordinadas es el desarrollo de las fuerzas productivas.
Allí se dice: "En la relación dialéctica entre las clases, sus enfrentamientos estructurales o sus alianzas coyunturales en función de la relación de fuerzas, el proletariado y sus clases aliadas "pueden" aprovechar la debilidad estructural del capital vinculado al mercado interno en su disputa con aquella fracción orientada hacia la exportación para obtener mejoras y fortalecerse en vista a una posición superior desde la cuál continuar la lucha.El peronismo, como proyecto burgués, propone la conciliación de las clases, en aras de consolidar la dominación del capital. Pero entenderíamos muy mal al capital si creemos que su objetivo es la consolidación de su dominio social. Este es un medio, el objetivo - siempre lo fue - es la maximización el beneficio. Ocurre que éste objetivo según si su producción se vuelca al mercado interno o no, puede desarrollar o retardar el desarrollo de las fuerzas productivas. El interés del proletariado es su desarrollo (no cualquiera, por supuesto), por tanto, ante una situación en la que un proyecto propone (y va cumpliendo) parte de este programa y otro bloque burgués anuncia políticas que llevan hacia su retroceso, la opción es clara."
Quizás necesite alguna aclaración, dirán los refutadores de leyendas. Pues bien, replica vuestro polígrafo, más amante de la poesía pero devenido en duro analista de los fenómenos sociales, en pocas palabras sería así: entre la pena y la nada elijo la pena.
Hecha esta pertinente aclaración, volveremos - dado que en este humilde blog se hace lo que los lectores piden - al objeto primero de estas líneas: "Una equilibrada dosis de izquierda cultural, para sostener el relato y derecha económica, para aplicar el ajuste ..."
Hace un año ¡Caramba! en esta página se interpretaron ciertas señales como, digamos, una "leve corrección del rumbo". Sin dar, por otra parte, a esto más que una relativa importancia.
Allí decía este cronista: "...los tiempos políticos cortos imponen medidas redistribucionistas, se sabe: las elecciones se ganan por izquierda, aunque las llamas de las tensiones inflacionarias inherentes al modelo hoy, nos chamusquen un poco.
En el mediano plazo, sin embargo, se impone relanzar un nuevo ciclo de acumulación, es decir: inversión y ahorro.
Como la generación de riqueza tiene un único origen, que es el trabajo, esto implicará un nuevo paradigma redistributivo: hacia arriba. Allí, estimo, tropezarán con los límites del capitalismo argento"
Ya en el curso de este trascendental 2011, allá por Junio, vuestro dubitativo anfitrión se preguntaba si acaso no se estaba llegando - económicamente, lo que quiere decir: políticamente - a ciertos límites. Siempre atento a buscar respuestas que nadie pide a preguntas que nadie se hizo el polígrafo del Barrio La República, a la sazón quién con esto prosigue aburriendo a sus lectores, decía: "El éxito del modelo, se ve, contiene el germen de su propia debacle. Ahora bien, dado que la preeminencia, imperio o simple soledad de la economía a la hora de digitar nuestras pobres existencias es una religión que profesan los liberales (y algunos marxistas sui generis) aquellos que comulgamos en el altar de la política deberíamos poder atrevernos a pensar en alternativas que emparchen, remienden, renueven, relancen o – más sencillamente – propongan continuidades virtuosas y rupturas con los vicios."
El correr de los meses, con la (buena) nueva de un categórico triunfo electoral que obró como óleo santo sobre la legitimidad del actual gobierno, fue revelando que los avatares económicos del hemisferio norte no pasarían sin algún impacto sobre las cuentas fiscales, los bolsillos de los contribuyentes y las asistencias sociales, parecería incluso.
En este sentido, el gobierno ha tomado medidas que no por demoradas dejan de ser bienvenidas.
Y otras ¡Por fin, allá vamos! que no por sospechadas deberían dejar de ser repudiadas: púdicamente el diario Página/12, comenta sin citar: "También reclamó un acuerdo entre sectores para reducir la incidencia de los juicios por accidente en la construcción"
Bellas palabras, para relatar que el gobierno, preocupado por no lesionar la necesaria rentabilidad de la industria de la construcción promueve mejorarla por la vía de reducir la litigiosidad. Si ya está la ART, que le pagará a los deudos, ¿Para qué abrir segundas vías de reclamos ante el fuero civil?
Las recatadas expresiones de apoyo a la iniciativa por parte de los capitalistas de la construcción no deberían llamarnos a engaños: es por el bien de los trabajadores. De respetar medidas de seguridad, ni hablar, sería de mal gusto en ciertos ámbitos.
El polígrafo del Barrio La República, poco afecto a definiciones tajantes y partidario de contar los porotos propios y ajenos para saber si pelear o negociar, no le huye el cuerpo a la contundencia en este caso: Así no, Cris, así no.
En la certeza de que nada de lo que aquí se dijo le importará a nadie, no dejará vuestro escriba de romper una lanza más, por blanda que su asta sea, desde el mismo lado de la trinchera en el que siempre estuvo. Sin necesidad de correrse ni un cachito, mis estimados.
Buenas noches !