viernes 20 de noviembre de 2009

¿ Está Usted Seguro ?



- Vea, Bromberg, así no se puede seguir, el otro día, sin ir mas
lejos...

- Si, doctor, es realmente terrible, le digo que yo ya no sé que
hacer. Cuando llego a mi casa por la tarde...¿Sabe qué hago? La
llamo a la chica, a la doméstica,¿vió? y me espera con la puerta del
garage entreabierta. Si voy llegando y veo algo sospechoso. Alguna
cara medio rara - Ud. me entiende - sigo y pego otra vuelta...pero
¿Quiere que le diga la verdad? Ya estoy harto de vivir como un preso
en mi casa, no puede ser que nosotros, la gente decente - ¿Me
explico, no ? - digo, tengamos que vivir con miedo, mientras los
ladrones y asesinos andan como dueños de la calle. Y lo peor es que
cuando la policía agarra a alguno vienen enseguida los de los
derechos humanos y arman un despelote. Qué por qué lo meten en la
comisaría con los mayores, qué le pegaron. Mire, si yo conozco
casos - me lo han contado policías de mi zona, o sea, tipos que
luchan contra los delincuentes en - ¿Cómo decirlo ? - la primera
línea de frente, ¿vió?. Bueno, parece que estos negritos se lastiman
ellos solos, se cortan, para acusar a la policía de "malos
tratos"...

- ¡Qué denigrante, Bromberg, qué denigrante! A lo que hemos
llegado...

- ...y, claro, viene entonces un médico - pagado por ellos, los de
los "derechos", ¿Me entiende? y "certifica" cualquier cosa. Ahora,
¿Me quiere decir por qué no certifica que estaban borrachos,
drogados, que son degenerados? Así estamos, vea, parece que nosotros
no tenemos derechos. Uno trabajó toda su vida, mire, si hasta le da
por pensar estupideces...¿De qué sirvió trabajar tanto? Postergar a
la familia, privarse de gustos. Todo para tener algo, ¿vió? Para una
mínima comodidad Porque ¿Qué pedimos, al fin y al cabo? Que nos
protejan de los que nos quieren robar lo que tanto esfuerzo nos
costó...

- Es que ellos lo quieren todo fácil, sin sacrificio, Bromberg.
Ayer, sin ir más lejos...

- ...construir, una vida dedicada al trabajo, no como estos
delincuentes que quieren vivir de lo que le da el gobierno, y
encima - si hasta parece el mundo al revés, vea - resulta que le
cortan a uno la calle para protestar. ¿Protestar contra qué, digame
doctor, contra qué? Para que les sigan dando dádivas para no
trabajar. Mire, si yo hasta les ofrecí trabajo una vez - para
probarlos ¿Me entiende? - y ¿Sabe qué me dijeron? Qué cuánto era el
sueldo, fíjese doctor, qué distorsionados que están los valores en
esta sociedad. Resulta que les ofrezco trabajo, yo les doy la
posibilidad de trabajar en mi empresa, que levanté con mi trabajo, y
ellos son los que exigen...

- Claro, Bromberg, claro. uno les mata el hambre y encima...la
semana pasada, sin ir más lejos...

-...y no solo eso, parece que están asesorados por esos abogados de
los "derechos" que les meten en la cabeza que tienen que reclamar
todas esas - perdone, doctor - boludeces de otras épocas nefastas.
Que aguinaldo, que vacaciones, que obra social, que horas extra al
cien por cien. ¿Cuándo? Dígame Ud. doctor ¿Cuándo tenemos nosotros
vacaciones? Si toda la vida la pasamos trabajando. Y si quiero
vacaciones me las pago de mi bolsillo, lo mismo que la medicina. Por
que esta gente cree que los demás tienen que ocuparse de sus
problemas. ¿O acaso yo le pido a alguien que se preocupe de
mi "jubilación"? No, por que tengo un sentido del ahorro, de la
previsión, no me gasto la plata en vino, o en droga. Menos mal que
todavía hay gente como Ud. con la que se puede hablar de estas
cosas, doctor...
A propósito: ¿Para la mercadería esa que le mandé la semana pasada? Como siempre ¿No? No le hace falta la factura, si total..


(Publicado en "La venganza de Sauron", primera época, 8 de septiembre de 2006)

viernes 16 de octubre de 2009

De imbéciles y estúpidos



Es triste, mis estimados, descubrir que aquello que uno, con todo su corazón, quiere decir y no sabe o puede algún otro ya lo dijo, y mejor.
Peor aún - si cabe - es que esto suceda casi siempre.
Y, como ya alguien dijo: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.
Asi que este servidor, asumiendo su triste condición de re-escritor, de polígrafo de retazos robados, aquí y allá, decidió hoy cortar y pegar sin vergüenzas. Robo a mano armada y a cara descubierta, si les place.
Lo que sigue pertenece a Umberto Eco, en "El péndulo de Foucault".
Y si alguien encuentra que estas descripciones se ajustan aproximadamente a la de alguien que conoce...bueno, ya sabe a quién escribirle.
Por último, mis escasos y pacientes seguidores, me apresuro en aclarar que este humilde servidor revista en la segunda de las categorías.
¿O qué pensaban?


"--Ser imbécil ya es más complicado. Es un comportamiento social. El imbécil es el que
habla siempre fuera del vaso.
--¿A qué se refiere?
--Así --apunto el índice hacia su vaso y lo clavó en la barra--. Quiere hablar de lo que hay
en el vaso, pero, esto por aquí, esto por allá, habla fuera. O si prefiere, es el que siempre
mete la pata, el que le pregunta cómo está su bella esposa al individuo que acaba de ser
abandonado por la mujer. ¿Me explico?
--Se explica, conozco a algunos.
--El imbécil está muy solicitado, sobre todo en las reuniones mundanas. Incomoda a
todos, pero les proporciona temas de conversación. En su versión positiva llega a ser
diplomático. Habla fuera del vaso cuando otros han metido la pata, consigue cambiar de
tema Pero a nosotros no nos interesa, no es nunca creativo, trabaja de prestado, de
manera que no presenta manuscritos en las editoriales. El imbécil no dice que el gato
ladra, habla del gato cuando los demás hablan del perro.
(...)

--El imbécil es Murat que pasa revista a sus oficiales y cuando ve a uno, de la Martinica,
recubierto de condecoraciones, va y le pregunta: "Vous etes negre?" Y el otro responde:
"Oui mon genéral!", Murat replica: "Bravo, bravo, continuez!" Y cosas por el estilo.
(...)

--¿Y el estúpido?
--Ah. El estúpido no se equivoca de comportamiento. Se equivoca de razonamiento. Es el
que dice que todos los perros son animales domésticos y todos los perros ladran, pero
que también los gatos son animales domésticos y por tanto ladran. O que todos los
atenienses son mortales, todos los habitantes del Pireo son mortales, de modo que todos
los habitantes del Pireo son atenienses.
--Y lo son.
--Si, pero de pura casualidad. El estúpido incluso puede decir algo correcto, pero por
razones equivocadas."


--
"Los momentos en que somos más libres e iguales en este sistema son aquellos que dedicamos a la consecución de la utopía. El resto del tiempo somos meros esclavos."

viernes 11 de septiembre de 2009

"y pagarán su culpa los traidores."

9:10 A.M. Radio Magallanes

Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de radio Portales y radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas un castigo moral para quienes han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director general de carabineros.
Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.
Me dirijo a ustedes, sobre todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases que defendieron también las ventajas de una sociedad capitalista.Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.Estaban comprometidos.
La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse.
Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición

jueves 3 de septiembre de 2009

El "lucarrasquismo" ataca como partido y se defiende como blog



En una muestra más (y van...) de su giro hacia una oposición cerrada contra todo lo que huela a nacional y popular (vbg.: la abierta defensa del "lozanismo" puro y duro) el lucarrasquismo la emprende contra los luchadores sociales comprometidos con el bienestar del pueblo y la grandeza de la patria.

El polígrafo del barrio la República ha sido en esta ocasión el blanco de sus invectivas.

Bajo la apariencia (lobo con piel de cordero) de una pretendida defensa de "valores democráticos", y una "corrección política" más que sospechosa, el lucarrasquismo - transvestido de sensible ante el pretendido "sufrimiento de los humildes" - se despacha contra aquellos que no vacilan en tomar al toro por las astas y enfrentar los graves problemas de La Nación con ánimo constructivo.

Desde esta página, consecuentes en la búsqueda de una solución argentina a los problemas argentinos, no trepidaremos en seguir marcando tanto aciertos como errores, puesto que nuestro único norte es la felicidad del pueblo argentino, tan alejado de un imperialismo como de otro.
Y si para eso debemos decir verdades que no nos harán simpáticos a los ojos de aquellos que hacen de la manipulación de las conciencias su deporte, pues bien: ¡Que así sea!
No por antipáticas nuestras propuestas dejan de ser realistas y necesarias.
Las gritaremos, si es necesario, hasta agotar nuestra voz:
¡NADIE HACE NADA!


domingo 23 de agosto de 2009

Dialoguitos en la Asamblea I

Este es el primer capítulo de una serie que intentó relatar cierto espíritu de época, y quizás sólo derrapó hacia el costumbrismo.
Bueno, peor es nada, se dice el polígrafo del barrio La República, y ataca de nuevo.

Porque en el fondo, uno ama al mundo a partir de la certeza que este mundo, triste mundo convertido en campo de concentración, contiene otro mundo posible. O sea, que el horror está embarazado de maravilla”.

Eduardo Galeano


Dialoguitos en la Asamblea I


- Y entonces, ¿Qué buscamos? - Dijo Miño con su voz de flauta. El chaqueño sorbió una vez más el mate, ya lavado, y se dispuso a explicar lo que ni él mismo terminaba de entender.
- Mirá gallego, la gente parece dispuesta a seguir en esto. La flaca Esther, por ejemplo, ¿Vos te la imaginabas repartiendo volantes en la puerta de un supermercado? Si hasta ayer nomás lo único que la movilizaba era la novela de las 5 de la tarde.
El chaqueño lamentó esas palabras apenas las terminaba de decir. Era injusto, lo sabía. La flaca, y millones de argentinos, empiojaba su mente por hastío, por desesperanza, por ver crecer a su única hija y saber todo el tiempo que el inevitable futuro de la piba estaba afuera. Pero también, o quizás principalmente, por que a los cuarenta - bastante bien llevados, che - sentía que los años escapaban inmisericordes, que los pocos pacientes - locos, en la jerga - que llegaban a su consultorio venían cargados de neurosis chiquitas, hasta sencillas. Que no habría ninguna "Dora" recostada en su diván. Que "la plata no alcanza, Doctora", y de vez en cuando - sólo muy de vez en cuando - la reconfortaba que algún pendejo no se meara más en la cama.
No, era muy hijo de puta culpar a la flaca, pensó nuevamente el chaqueño. O - puestos a generalizar - a los pobres argentinos.
- Bueno, qué sé yo - dijo el chaqueño, mientras ponía más agua a calentar - Supongo que cada uno busca algo distinto, pero también creo que son mayores los parecidos que las diferencias.
- Entonces - preguntaba el gallego. Serio, y decidido a no dejar cabo suelto - ¿Cómo se sostiene la presencia en la calle, si nos siguen dando palos y nuestra única respuesta es pegarle a la cacerola? Y eso ya también está aflojando.
El gallego era metódico en la reflexión. Cada pregunta iba dirigida a extraer la opinión del chaqueño, al que respetaba, y en quién veía la imaginación de la cual su psique tan estructurada carecía.
Empleado bancario de carrera - más de veinticinco años - el gallego pensaba en función de sumas y restas, concretas: dos mas dos sólo podía tener un resultado. La contundencia del argumento, y su universal aceptación, no hacían más que ratificar la rectitud de esa línea de pensamiento.
Claro que algún espacio a la pasión cabía en el gallego - a veces a pesar suyo - y así es como se lo suele ver en las marchas y movilizaciones, por ejemplo, agitando banderas y pancartas, saltando enfervorizado al grito de: "Oh, que se vayan todos..." o, pero esto lo mantenía en semisecreto, pintando los frentes de cajeros automáticos con consignas escatológicas. Sus amigos lo zaherían por esto último, atribuyendo sus acciones a una escondida vocación de destructor de máquinas, cuando no a un odio poco "elaborado" por los artefactos que vendrían a quitarle el trabajo. El ruso Felman opinaba que, si en vez de cajeros automáticos los bancos hubiesen puesto chinos a atender al público en un cubículo de dos por dos, el gallego habría evolucionado hacia la xenofobia muy rápidamente. Pero en esto - como en otras tantas cosas, hay que reconocer - el ruso probablemente exageraba.
De todos modos la participación del gallego en la "Comisión de Servicios Públicos" de la "Asamblea Popular Barrio Don Ernesto" era muy valorada por todos los vecinos: el tipo es una luz con los números, y su capacidad de trabajo era indiscutida. Los vecinos no lo conocían de ahora, por supuesto, el gallego siempre fue un personaje popular en el barrio. No sólo por su asistencia casi perfecta para las partidas de tute en el club, como dicen algunas víboras, que en el barrio - gracias a Dios - no faltan. El gallego siempre colaboró activamente en la cooperadora de la escuela, y nunca ocultó su pasado militante, del que se sentía - legítimamente - orgulloso.
El chaqueño apreciaba la capacidad analítica del gallego, pero lo asombraba su imaginación tan convencional:
- Bueno, bueno. Hay que ver cómo va impactando la crisis en cada uno. ¿Qué te parece esta comparación? Cuando va subiendo la marea, cada ola llega a la playa, y se retira, vuelve. ¿No? Sin embargo, y por infinitesimal que sea, cada ola avanza un poco más sobre la arena, antes seca, y va humedeciendo una superficie más importante que aquella a la cual efectivamente cubrió. ¿Por qué? Supongo que miles de gotas fluyen bajo la superficie, de tal modo que en algún momento - impreciso, por definición - dónde había arena ahora hay agua y espuma. ¡Qué tal, Pascual! ¿Te gusta la imagen? El pueblo - pero hasta el mismo chaqueño se asombró de utilizar nuevamente el concepto, en vez del tan invocado "gente" - lentamente va ocupando los espacios que les fueron arrebatados, robados, saqueados. Estamos en la calle, que no es poco, y aunque seamos menos que en las "Jornadas de Diciembre", hay un lugar conquistado que estamos sosteniendo.
El chaqueño siempre fue un incurable optimista, de otro modo no persistiría en sus emprendimientos; como aquella vez que trató de exportar dulce de mamón a Italia y cuando ya había mandado las muestras, logrando la aprobación de calidad, le llegó un fax con una orden de compra y el correspondiente cronograma de entregas. Ahí cayó en la cuenta que no había en Rosario suficientes fábricas de dulce que pudieran abastecer las cantidades mensuales que los tanos le pedían. El chaqueño no se amilanó, utilizó los contactos establecidos para gestionar una beca para estudiar las redes asociativas de pequeñas empresas en el Piamonte y el Milanesado. Lo increíble es que la consiguió, y así se pasó seis meses entre Turín y Milán de arriba. Cuando volvió no sabía mucho más de gestión empresaria que antes, pero estaba cada vez más convencido que sin capital suficiente no se podía hacer nada importante, así que se dedicó a reunir un "pool" de inversores locales que financiara la fabricación y exportación de muñecos de peluche aprovechando la cantidad de pequeños talleres en los que familias enteras se dedicaban a la confección por el método de "cama caliente" o coreano. Esta forma de trabajo consistía en que mientras un integrante de la familia trabajaba otro dormía, alternando la posición cada período de tiempo establecido entre ellos. Así al que le tocaba el turno de descanso encontraba el lecho tibio y acogedor, también en verano. Lamentablemente para el chaqueño esto sucedió a principios de la convertibilidad, y mientras organizaba el asunto comenzó a llover un aluvión de muñecos hechos en lugares tan improbables como Singapur, Tailandia y China, a precios que no llegaban ni al costo de la materia prima.
El 19 de diciembre el chaqueño había salido a la calle, a eso de las 11 de la noche, golpeando un grueso cortafierros contra la columna del alumbrado. Mucha gente salía a hacer ruido, y entonces apareció la innata capacidad organizativa del chaqueño: - Cortemos la calle, vamos para el centro.
A las cuatro o cinco cuadras de marcha hacia el monumento ya eran más de cuarenta las personas que seguían las consignas que el chaqueño improvisaba, a razón de una por cuadra, más o menos.
A partir de esos trágicos, y - como decía el chaqueño - mágicos días ya nada fue igual en su vida. Pocas horas le dedicaba al bar que atendía en una esquina bastante concurrida - antaño - del barrio. A fines de enero ya se ocupaba más en repartir convocatorias a la asamblea que en reponer la desfalleciente provisión de cerveza fría. En un principio la asamblea se reunía en la puerta del bar del gallego, quién participaba sin bajar la persiana, para no exponerse a la sublevación de consuetudinarios parroquianos que llenaban las largas horas caniculares frente al televisor, vaso de tinto y soda de por medio. A principios de febrero, cuando comenzó el campeonato, y la copa Libertadores, la contradicción entre los sesenta, setenta asambleístas, y los televidentes se hizo más flagrante, dados los gritos que estos proferían ante cada jugada con posibilidades de gol. El chaqueño resolvió la situación proponiendo una moción para que la asamblea se traslade a la puerta del club social, deportivo y biblioteca popular "Dos de Mayo", bautizado así en los años cuarenta por un grupito de gallegos republicanos para quienes la fecha recordaba pasadas gestas libertarias. La atención de la clientela fue resuelta por el chaqueño contratando para esas noches al "Enero Ochoa", conspicuo consumidor del establecimiento, a quién el ingenio popular había bautizado con ese apodo dado que no tenía ni un día fresco. De todos modos la tarea a su cargo no revestía mayor complejidad que mantener llenos los vasos. La cobranza no constituía problema puesto que cada cliente tenía su respectiva botella en la heladera del bar, y la facturación se hacía midiendo - a ojo de buen cubero - cuánto había descendido el nivel del líquido entre una noche y la siguiente, acción que - todos lo reconocían - el chaqueño realizaba con criterio dispendioso.
Ya frente a la puerta del club la asamblea se organizó y - cosa curiosa, decía el gallego - se serenaron mucho los ánimos exaltados de las primeras semanas. Casi imperceptiblemente los temas debatidos fueron aproximándose más a las necesidades barriales y municipales. Fue por este motivo - probablemente - que la participación del gallego, siempre interesado en las materias nacionales, perdió un poco de la relevancia que tenía en los primeros tiempos, cediendo protagonismo al chaqueño. Las propuestas de éste, más vinculadas a las necesidades inmediatas del barrio, fueron ganando tiempo de discusión en la asamblea.
- Hay que reconocer- decía el ruso - que las ideas del chaqueño son originales. Él organizó la "serenata" en la puerta de la casa del intendente.
El ruso todavía se reía de la ocurrencia del chaqueño. Sabiendo que el jefe municipal había contraído nupcias (segundas) hacía poco tiempo, y que fruto de su apasionado romance con una - cómo no - joven empleada municipal, había procreado a la edad en que la mayoría de los hombres empiezan a tener nietos, el chaqueño convocó a tres guitarristas, convenció al Renato que pusiera el camión y casi media asamblea se trasladó hasta el centro para cantarle canciones de amor bajo el balcón de la casa. Cada tanto - entre canción y canción - el chaqueño, con un altavoz prestado por el verdulero, exhortaba al intendente a poner en la defensa de los intereses de los contribuyentes de la ciudad similar pasión a la que - tardíamente, decían algunos prosaicos - lo había asaltado a tan respetable altura de su vida.
El ruso contaba, doblándose de la risa, que los vecinos se sumaban a la serenata improvisando coplas de alto contenido erótico, cuándo no escatológico. Pero en el barrio desconfiaban un tanto de la palabra del ruso, y comentaban que dichas coplas eran de su exclusiva autoría. Sin embargo, Franklin Felman - escribano por necesidad y mentiroso por vocación - era muy apreciado por sus dotes humorísticas e histriónicas. Desde el primer momento bregó por constituir en la asamblea una "Comisión de Cultura", pero el gallego - metódico y obsesivo - desesperaba en cada reunión los sábados por la tarde. Al poco tiempo de empezada la reunión de la comisión la discusión sobre presupuestos educativos, programas de estudio y actividades culturales para el barrio se desviaba hacia alguna propuesta por parte del ruso para montar una obra de teatro sobre algún texto del Negro Fontanarrosa o Dalmiro Sáenz. La gente comenzaba a discutir los méritos como dramaturgos de ambos y el ruso terminaba representando algún fragmento de "¿Quién, yo?" O - peor - especulando sobre el tono de voz que habría que imprimirle a "Boogie, el aceitoso". No obstante en la asamblea el ruso aportaba siempre mociones mesuradas. Todos recordaban con qué prudencia y equilibrio obtuvo que los integrantes de "La Murga de Don Ernesto" se abstuvieran de realizar un "Escrache" frente a las dependencias de la comisaría del barrio con el objetivo de incriminar a los trabajadores de seguridad por su vigilancia exagerada frente a la Plaza "General Suvín", dónde los jóvenes del barrio se reúnen por las noches a cantar, charlar y compartir momentos de sana camaradería, abundantemente regados - nobleza obliga - por litros de vino en cajita. Algunos integrantes de la asamblea no ven con muy buenos ojos estas tertulias, argumentando que nuestros chicos suelen ponerse por demás eufóricos y hasta reclamar a grandes voces la legalización de ciertas sustancias de consumo prohibido por las autoridades, pero cuyos efectos - aducen los jóvenes - son menos nocivos que el cigarrillo común y legal. La habilidad del ruso para negociar con nuestros musicales jóvenes, y mediar ante los integrantes de la asamblea que ven en la juventud un peligro para sus siestas estivales, fue ponderada con notables muestras de gratitud por parte del chaqueño. Ocurre que éste, de natural algo vehemente, estuvo a un tris de provocar una escisión en la asamblea por un tema no tan importante en esta etapa, decía.
- Si no se metía el ruso los mandaba a esos viejos a la mierda - le decía, confidente, al gallego, mientras el ruso aprovechaba el momento de ternura del chaqueño y - confianzudo - se servía otra ginebra a cuenta de la casa.
- No es nada, lo que pasa es que Doña Clara es un poco intolerante con los chicos, pero la vieja es de fierro, viene a todas las asambleas, y fue ella la que propuso lo de las compras comunitarias. Mirá si la íbamos a dejar ir por una pavada así.- El ruso abogaba por la paz y la concordia en el barrio, salvo cuando la presencia de algunos vecinos - nazifascistas - los calificaba, lograba sacarlo de sus casillas.
- Esa gente trabaja para el coronel Yussuf, y mañana van a apoyar cualquier intento de golpe - decía el ruso, mirándolo al gallego para que emita opinión.
El gallego tomó un mate, y considerando todos los elementos disponibles para evaluar la circunstancia decidió que era posible realizar una apreciación bastante objetiva.
- Por ahora no son un peligro, salvo que probablemente sean buchones de la cana, pero evitar eso sabemos que es casi imposible, así que yo creo que hay que tratar de neutralizarlos en la asamblea cuando muestren la hilacha antidemocrática. ¿A quién van a arrastrar? Con el discurso nacionalista pueden hablar un rato de las empresas privatizadas y el capital extranjero, pero cuando empiecen con que acá necesitamos un gobierno "fuerte" y de "mano dura" alguien se va a encargar de recordarle a la asamblea que ya tuvimos dictadura, y que los comisionados para la política económica fueron los mismos que después pusieron los gobiernos "democráticos", así que no son garantía de ninguna gestión económica "nacionalista".
Duro y afilado, con las cartas mas o menos a la vista el gallego Miño hacía el cálculo de probabilidades y sacaba conclusiones. Pero su mente analítica siempre lo traía de regreso a dónde quería llegar:
- Está bien - le decía al chaqueño - vos decís que estamos en un proceso de "acumulación", subterráneo y lento, y que las condiciones externas, o sea la inflación y el desempleo, van a actuar como excitadores de una nueva etapa de movilizaciones masivas.
- Macho: nadie lo dijo tan bien - el chaqueño le pasaba vaselina.
El ruso preguntó, recurrente, por qué no invitar a esa charla previa a la asamblea al Dr. Moyano, abogado con muchos años en el ejercicio de la profesión, fluidos contactos en el foro local y que en otras épocas supo ser candidato a diputado provincial por alguno de esos "Frentes Populares" que armaba el partido comunista. La idea del ruso, a quién no se le conocían simpatías partidarias, era que un ex - comunista podría aportar un nutrido bagaje de experiencia en asuntos de organización.
- Mirá ruso - dijo el chaqueño un tanto fastidiado - primero, que esta no es ninguna "reunión previa", como vos decís. Acá somos unos vecinos tomando mate. Y segundo, si tanto querés que venga Moyano, entonces invitalo, y que venga de una vez a la Asamblea, que no se le va caer nada.
- Bueno, no te sulfurés - dijo el ruso.
- No, no es para enojarse. - Terciaba el gallego, que odiaba la controversia entre amigos. - Pero es importante que tengamos en claro que no corresponde discutir estos temas por fuera de la asamblea. Cualquier propuesta que alguien tenga debe llevarla al seno de la asamblea.
- Tampoco es para tanto, che - el ruso retrocedía tirando granadas - podemos reunirnos para ir preparando una propuesta que después la asamblea decidirá si la acepta o no.
- Si, pensándolo bien no tiene nada de malo, tampoco es cuestión de hacer un "culto" de la "espontaneidad". - El chaqueño pensaba y hablaba a la vez:
- Supongo que debemos ir dándonos alguna organización.
- ¡Para eso están las comisiones! - intervino el gallego, estructurado y orgánico.
- Me refiero a que si, por ejemplo, de repente se aparece el dueño del autoservicio, el de acá a la vuelta, con los empleados, sí, ya sé que no son muchos, pero, estoy suponiendo, nada más: organiza a unos cuantos clientes, de los que le deben unos pesos, y se viene a proponer que, qué sé yo, que organicemos patrullas armadas por el barrio. Bueno, entonces: ¿Qué hacemos? - El chaqueño se interrumpió. - La verdad no tengo ni idea.
Un silencio cargado de miradas sobrevino. El ruso miraba fijamente el fondo del vaso de ginebra como si ahí estuviese escrita alguna respuesta. El gallego clavó la mirada en un almanaque viejo que colgaba al costado de la puerta de entrada al café y bar "Resistencia" cuyo titular - el chaqueño - le impuso el nombre en consideración a su querida ciudad natal, y no en atención a valores revolucionarios o "anti - modelo", así como un desteñido trapo rojinegro no indicaba posibles militancias anarquistas; en todo caso solamente cuestionables preferencias deportivas, fruto de viejos amores cuando cursaba los estudios secundarios en la ciudad de Santa Fe.
- Al fin y al cabo - retomó la palabra el chaqueño -, las posiciones políticas, y las decisiones que tome la asamblea responderán a las condiciones que nos imponga la situación económica y política. Por supuesto que no es cuestión de prevenir el manijeo con tácticas similares, y - con la excusa de adelantarnos a los fachos - practicar sus mismos métodos. Pero, y la distinción es importante, aún diría más: fundamental, tampoco vamos a ir tiernos y blanditos a encontrarnos con que alguien intenta llevar la asamblea hacia donde - con toda seguridad - no queremos que vaya. Así que, muchachos, nosotros vamos de frente, pero no somos boludos. ¿Qué les parece esto? Propongo una moción para la próxima asamblea: introducir un restricción para votar, solamente podrán hacerlo quienes hayan participado por lo menos en dos de las últimas tres asambleas.
- ¡Pero vos estás en pedo! - Saltó el gallego - ¡Eso se parece al voto calificado! ¿Dónde queda el espíritu democrático que nos impulsa? Para eso dejemos a los concejales y diputados que sigan en la suya.
El gallego era intransigente, siempre opinó que con ciertas cosas no se juega, y no iba a cambiar a esta altura del partido.
El chaqueño suspiró hondo, unió las palmas de sus manos con los dedos bien separados, y se dispuso a explicarle al gallego su idea de voto "restringido":
- ¿Quién compone la asamblea, sino nosotros, los que vamos, creemos en ella como espacio en construcción, la sostenemos con nuestro trabajo, y tratamos de acrecentarla reclutando más integrantes - aunque muy bien no nos vaya en las últimas semanas? ¿No deberíamos entonces preservar el poder de decisión para aquellos que participan, la integran regularmente, y protegernos de los que quieren utilizarla sólo ocasionalmente, sin voluntad democrática?
- Para eso fundemos un club - cortó el gallego un tanto amargamente
- Ché, prendé la tele, dijo el ruso disimulando la mufa.

udi, marzo/abril de 2002

lunes 10 de agosto de 2009

Para (volver) a leer al Pato Donald

En 1976, en medio de la hecatombe y la paranoia generalizada (justificada, por supuesto) decido - con lagrimones en los ojos - deshacerme de algunos textos por el expeditivo procedimiento de arrojarlos dentro de un tacho de 200 lts., rociarlos con gasoil (he aquí el error, por desconocimiento de las propiedades de dicho combustible) y prender un fósforo en la proximidad del papel. Naturalmente (pero esto lo supe después) el fósforo se apagó como la vida de una mariposa nocturna, es decir, en un suspiro, dejándome con la tarea inconclusa y la duda en mi ánimo.
Luego de reflexionar unos instantes decidí que debía interpretar el hecho como un mensaje, de dónde o de quién no lo supe con certeza, pero siempre tuve leves tendencias a la superstición...
En fin, que decidí enterrar el mazacote maloliente en que se habían convertido esos libros y revistas, dentro de los cuales, y bastante seco, por cierto, se encontraba el libro de marras.
Pasando a la acción con la velocidad que me caracteriza me dirigí raudo con mi bolsa y su peligroso contenido hacia las vías del ferrocarril cercanas a mi casa. Lo que prueba, por si hiciera falta, mi total inconciencia.
Conclusión: hago un pozo poco profundo, meto el subversivo material dentro y le echo un poco de tierra encima; hecho lo cual me dirijo a una secretísima reunión con otros adolescentes ávidos de emociones fuertes y los impongo de mis aventuras.
Allí quedó mi primer ejemplar de "Para leer al Pato Donald"...
Luego los años pasaron, terribles, malvados.
Recorriendo una callecita de París en diciembre del '78, mientras los genocidas de ambos lados de la cordillera jugaban a ver quién la tenía más larga, me detengo frente al escaparate de una librería de usados. Al cabo de algunos minutos (admirad mi velocidad mental) caigo en la cuenta que los títulos de los libros están en castellano. No sólo eso, sino que el negocio luce por nombre "El Quijote". Con estos datos deduje que se especializaría en literatura española y latinoamericana, perspicaz percepción que me fue confirmada por el propietario del establecimiento, un catalán de boina azul, barba de tres días y colilla de cigarro permanente entre sus labios.
Para no extenderme demasiado y apenar al desprevenido lector diré que en un anaquel, entre "La Celestina" y un desvencijado "Adán Buenosayres" encontré un ejemplar en perfecto estado de "Para leer...".
Imaginad, ¡Oh, amigos! cuál habrá sido la emoción que me embargó. Apelé a mis mejores argumentos para lograr que el librero - reliquia de la guerra civil anclado en París - atendiera mis súplicas en lo referente al precio. Se ve que el hombre estaba cansado del aluvión sudamericano y sus historias casi todas parecidas y se mantuvo en sus trece, es decir, en sus ochenta francos y ni uno menos. Con gran dolor para mi peculio desembolsé la cifra, escandalosa para la época, y me refugié en el Metró para releer esas páginas tan lúcidas y disparadoras de reflexiones.
Unos años después - fines del '82 - y ante la perspectiva de volver a la Argentina - debí preparar mi equipaje: un poco de ropa, fotos, discos (¡Long-Plays!), libros, mujer y dos hijos. La situación del país con la dictadura en retroceso, pero aún no derrotada (¿Lo fue?) no garantizaba pasar con tranquilidad el tamiz ideológico para la entrada de literatura que no fuese del gusto del régimen. Así, que muy a mi pesar, debí dejar en manos de amigos parte de los libros acumulados en esos años. Adivinaron: la obra de Dorfman y Matellart no hubiese pasado la aduana de las ideas, y fue a parar a poder de un amigo de quién me distanciaba una oscura historia de celos, pero que era una de las pocas anclas a mi pasado, (a partir de ese momento ex-amigo).
Como esta es la historia de mi relación con un libro en particular les ahorraré detalles, sufridos lectores, de los pormenores de mi crecimiento personal, la crianza de los hijos, las incontables mujeres que pasaron por mi vida y los festejos por los campeonatos de Rosario Central. A fines de 1988, en un kiosco de la Avenida Pellegrini, adonde iba a comprar el diario, advierto un cajón de manzanas con libros usados. La costumbre, el vicio, la compulsión, llamadle como queráis, hizo que me pusiera a revolver entre viejos "Corín Tellado" y volúmenes de Emecé al estilo de "Aeropuerto". Cuál no sería mi sorpresa cuando, ya casi en el fondo del cajón, aparece "Para leer al Pato Donald", pero no cualquier "Para leer al Pato Donald", sino "mi" "Para leer al Pato Donald". Ese mismo que con mis propias y criminales manos había enterrado furtiva y nocturnamente. Las mismas manchas, el mismo raspón de la primera página, los mismos (pocos) subrayados, y - para despejar cualquier duda - la misma dedicatoria en el reverso de la tapa con los versos iniciales de "Corazón Coraza":
"Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes"
Por un resto de pudor ocultaré, dignísimo lector, el acceso de llanto que me sobrevino al recuperar una parte de mi pasado, manchada, sin duda. Pero ¿Quién puede presumir de un pasado impoluto?
Huelga decir que pagué los pocos y devaluados australes de la época para rescatar esa pieza central de mi formación humanística. Desde entonces mi querido "Para leer al Pato Donald" ocupó su merecido lugar en el medio de mi modesta biblioteca, en la buena compañía, a la derecha, de "Apocalípticos e Integrados" y, a su izquierda, de "La Interpretación de los sueños", obra cabalística si las hay.
Pero la vida, como dijera Sartre, te da sorpresas, amabilísimo lector. Y he aquí que a mediados de los años noventa recibo el llamado de aquel ex-amigo que me comunica su llegada al país y su deseo, bastante incomprensible, de reunirse con este servidor. Dado que en casi quince años no hubo entre nosotros comunicación alguna (era pre - e-mail) por aquel rencor alojado sólo en mi corazón, me sorprendí y no supe bien que aguardar de la cita concertada en el llamado.
Debo reconocer que los caminos del señor son inescrutables, y el alma de los hombres una caja de sorpresas. M emocioné muchísimo a la hora del reencuentro, mi abrazo fue sincero, y reconocí que había podido matar dentro mío al gusano del odio sin sentido y casi pueril.
No seáis muy severos conmigo, queridísimos lectores, ya que nadie sabe cuando le tocará estar en una situación parecida.
Casi al final de la emotiva y agradable velada dijo mi viejo (nuevo) amigo:
- ¡Ah! ¿Sabés qué te traje?
Pues sí, era - lo habréis intuido - mi segundo ejemplar de "Para leer al Pato Donald".
Así fue como recobré otra parte de mi pasado, y a un amigo.
Este ejemplar descansa sobre mi escritorio, junto a la foto de ya sabéis quién...

miércoles 8 de julio de 2009

¡Conmoción en la blogosfera Nac&Pop !


Inesperado giro a la izquierda del "Lucarrasquismo".

No pocas voces se han levantado para deplorar haber sido manipuladas en su prístina inocencia nacional y popular por expresiones políticas que - ahora se demuestra - han practicado el más crudo "entrismo".
Pasadas las elecciones en las que el bloque nacional, popular y democrático se enfrentó a todas las facciones del gorilismo vernáculo, se va separando la paja del trigo.
Así, en algunos sitios pueden leerse análisis en los que - bajo la apariencia de "autocrítica - campean las más feroces invectivas contra la conducción del proceso que produjo los años más felices para el pueblo argentino en lo que va del siglo.
Estaremos atentos ante esta maniobra, que no por burda es menos dañina, para alertar a toda nuestra masa de lectores, que no por pocos son menos importantes, como dijo el general.
Desde esta tribuna de doctrina Nacional y Popular denunciaremos sin vacilar cualquier intento de desviar por los turbios meandros de ideologías reñidas con el ser nacional el ancho y caudaloso curso que nos lleva a nuestro destino de grandeza, al cual - parafraseando a un compañero algo cascoteado ultimamente - "estamos condenados".
El polígrafo del Barrio La República, consciente de la gravedad del momento, no trepidará en convertirse en fiscal de nuestras mas arraigadas convicciones y denunciar todos los intentos de hacernos pasar gato por liebre.
Buenas Noches !