Bella Ciao, una versión "pulenta pulenta"

miércoles, 17 de agosto de 2011

Un revolucionario...

Un recuerdo para el más grande revolucionario que haya luchado en esta tierra, pasen y vean.(por Contradicto)

Federal


No hubo pujas, ni peleas de cartel, ni disputas personales, ni diferencias de proyecto, ni modelos confrontados en esa reunión.

Hubo, sí, tristeza e impotencia por parte de nuestro hombre. Porque, en el fondo, sabía que no tenía nada certero, nada materialmente valioso para ofrecer al proyecto de una patria común latinoamericana. Tras de sí. Tras miles de leguas recorridas y millones de kilómetros cuadrados liberados, nuestro hombre sentía la íntima vergüenza de no poder ofrecerle a la gran Revolución ni un sable, ni una mula. Nada de lo que él firmara o acordara en esa reunión iba a ser refrendado por las dirigencias de las regiones que él, en esa mesa, representaba.

El Perú envuelto en luchas intestinas, hijas de su decisión de reconocer a los indios como ciudadanos libres. Y en Buenos Aires una runfla de traidores cuyo solapado objetivo era el de convertirse en el nuevo yugo de América, reemplazo de Madrid. Y él lo sabía.

Así, ninguneado por los propios, hijo de la distancia que le imponían sus propias campañas con el lugar de las decisiones, ético hasta la médula como para jurarse no levantar la espada en contra del pusilánime de Rivadavia y los suyos, dejó su verdad en manos de Bolívar, arregló sus papeles y pertenencias en el Sur y subió a “La Bayonnaise” para marchar a Le Havre y de allí a la bucólica Bruselas.

Sigue acá: Cartoneros...

No hay comentarios.: